NOTA DEL EDITOR: Este texto es parte de la carta trimestral correspondiente al tercer trimestre de 2017, de azValor Asset Management.

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Siempre hemos dicho que para comprar barato en bolsa, en general, es necesario buscar compañías que tengan un “problema” real, o percibido por la mayoría, respecto a su capacidad de generar beneficios en el futuro. De alguna manera, hay que “ir contra la opinión dominante”.

Esto no es fácil desde un punto de vista psicológico, pero hay herramientas que ayudan, como alcanzar un conocimiento profundo de la empresa a través del estudio. En azValor pasamos muchas horas analizando estados financieros históricos, y realizamos ajustes a las cifras publicadas, para descubrir cuál fue la verdadera generación de beneficios histórica. A continuación, realizamos el mismo ejercicio con los competidores del sector, y tratamos de entender por qué unas empresas crecieron más que otras en el pasado o lograron mayor rentabilidad. Llegados a este punto empieza el análisis de valor añadido, cuyo objetivo es determinar si el futuro es más o menos previsible y por qué razones.

Para ello, tomamos la maleta y salimos a visitar a las empresas, sus competidores, proveedores y clientes; hablamos con expertos del sector sobre los grandes interrogantes del negocio a largo plazo y así, vamos poco a poco avanzando en una misma dirección: la de estimar el nivel aproximado de beneficios futuros sostenibles de la empresa.

Desafortunadamente, por muy bueno que sea nuestro proceso, no podrá nunca eliminar del todo el error. Nosotros buscamos aquellas compañías lo suficientemente infravaloradas para que, aun equivocándonos en algún intersticio del análisis, podamos ganar dinero. Eso sí, si nos equivocamos TOTALMENTE, perderemos dinero; aunque este tipo de pérdidas no ha sido frecuente en nuestros últimos 20 años, en un contexto adverso se pueden acumular varias caídas de cotización fuertes en el corto plazo. En ese caso, revisamos de arriba abajo nuestra tesis de inversión, como quién revisa la fontanería entera de un hotel. A veces compramos más con la caída, a veces no hacemos nada, y en otras ocasiones, vendemos (si se trata de un error de análisis). La mayoría de las veces la paciencia es lo correcto, pero hay excepciones (cuando se ha invertido mal) donde lo correcto es lo contrario: rectificar, y vender antes de que el error nos haga más daño. En este sentido nos parecen muy reveladoras las palabras del genio:

“El hombre no es infalible. Busca siempre la verdad, es decir, aspira a aprehender la realidad lo más perfectamente que las limitaciones de su mente y razón le permiten. El hombre nunca será omnisciente. Jamás podrá llegar a un convencimiento pleno de que su investigación se halla acertadamente orientada… Lo más que al hombre le cabe es revisar, con el máximo rigor, una y otra vez, el conjunto de sus tesis. Para el economista esto implica retrotraer todos los teoremas a la categoría de la acción humana, comprobando, mediante el análisis más cuidadoso, cuantas sucesivas inferencias y conclusiones finalmente abocan al teorema en cuestión. En modo alguno se supone que este método excluya definitivamente el error. Ahora bien, de lo que no cabe dudar, es de que es el más eficaz para evitarlo.”

Ludwig von Mises, La Acción Humana

Estamos convencidos de que la inmensa mayoría de los operadores en bolsa NO hacen este proceso con la misma profundidad. Esto no nos garantiza nada, pero saberlo resulta vital para aspirar a culminar con éxito la difícil tarea de “llevar la contraria”. Hoy esto se traduce en estar fuera de los índices. Resulta curioso que hay ya más de 1 millón de índices en el mundo cuando sin embargo el número total de acciones cotizadas es de 43 mil apróx., que se quedan en 3 mil si tomamos las acciones con una cierta liquidez mínima (datos de Bernstein). Las empresas de los índices pueden sufrir toda clase de problemas o estar mal gestionadas y aun así, varios miles de inversores/vehículos las compran porque creen no tener otra alternativa…

Así, mientras cada euro adicional que aterriza en un índice se destina “ciegamente” a comprar las mismas empresas que ya lo componen, encareciéndolas aún más, nosotros acumulamos unas pocas compañías infravaloradas, en general fuera de los índices, y seleccionadas tras un riguroso proceso de análisis. Y creemos que mirando a medio/largo plazo es exactamente lo que hay que hacer.

Por todo ello, la “mala” noticia de ir detrás del índice encierra una “buena”, y es el potencial de rentabilidad futuro que surge de los activos infravalorados. De hecho, en el momento de escribir estas líneas, tanto Fernando como yo hemos vuelto a hacer aportaciones a los fondos.

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