NOTA DEL EDITOR: Este texto es extraído de una carta trimestral de Gesconsult León Valores.

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A corto plazo, es el precio de cotización el que crea la narrativa. Si la empresa X sube en bolsa, es una buena compañía; si cae, es un mal negocio. Es sorprendente cómo el mercado olvida una realidad indiscutible y demostrada: la calidad del negocio (los fundamentales) constituye el principal motor de rentabilidad de las acciones a largo plazo.

En 2020, Alibaba impresionaba a la mayor parte de la comunidad inversora cuando cotizaba en niveles cercanos a los $300. Su futuro parecía un caso de éxito garantizado. Un año después, Alibaba parece más un caso de fracaso estrepitoso. Al mercado le encantaba Alibaba a $300 pero la odia a $120. El negocio, mientras tanto, sigue creciendo a doble dígito alto. Cierto es que las presiones regulatorias y la desaceleración de China han tenido impacto en su valor intrínseco. Pero no merece un 60% de descuento. Probablemente el mercado estaba equivocado cuando pagaba $300 por acción, pero también es probable que esté equivocado cuando la ofrece a $120 por acción.

De esta manera, se da una situación extraña en la economía financiera, que no se da en la economía real. A los consumidores nos gustan más las cosas cuando bajan de precio, y estamos dispuestos a comprar más. A los inversores les gustan más las acciones cuando suben de precio, y están dispuestos a comprar más. Esta forma de actuar de los inversores convierte al mercado en un agente maníaco-depresivo, que disfruta mucho de las subidas de bolsa y entra en pánico cuando los precios caen. Gracias a este comportamiento inestable, se generan las oportunidades de inversión.

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