NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Javier Ruiz, CFA, es un extracto de una carta trimestral de Horos Asset Management.

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A finales de los años 80, Japón vivió una de las burbujas financieras más importantes que se recuerdan. Tras la década de los 60, en la que el país se recuperó de la devastadora Segunda Guerra Mundial sustentándose en unas elevadas tasas de ahorro y un modelo económico basado en el crecimiento elevado de sus exportaciones, el país del sol naciente comenzó a apoyarse a finales de los 70 y, especialmente, en los 80 en un mayor endeudamiento. ¿El principal motivo? La fuerte apreciación del yen japonés, tras las Acuerdos de Plaza de 1985, llevó al Banco de Japón a reducir drásticamente los tipos de interés, alimentando un extraordinario boom crediticio que desencadenó el clásico ciclo insostenible de mala asignación de recursos y degradación de liquidez del sistema financiero (endeudándose a muy corto plazo y concediendo préstamos a muy largo plazo, por ejemplo). Esta expansión del endeudamiento engordó una burbuja bursátil e inmobiliaria como pocas veces se han visto en una economía de tal relevancia. En tan solo cinco años, el índice Nikkei —principal índice bursátil del país— triplicó su valor, mientras que el índice general de precios de la vivienda más que dobló.1

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