NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Javier Ruiz, CFA, es un extracto de una carta trimestral de Horos Asset Management.

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Esta escuela intenta, sucintamente, aprovechar las oportunidades (ineficiencias) que el mercado brinda para, de esta manera, poder adquirir activos por un precio inferior a su teórico valor. Sin embargo, erraríamos al pensar que el trabajo del inversor value finaliza una vez ha invertido en esa ventajosa situación. Los mercados son sistemas adaptativos complejos. Siempre en continuo cambio. Siempre procesando y reaccionando con distinta intensidad y duración a la nueva información. En cierto sentido, se podría decir que los mercados se encuentran permanentemente “por hacer” y sumidos en un persistente intento de alcanzar una eficiencia que parece que nunca llega.1 Este proceso tiene un impacto doble y opuesto en el trabajo del inversor value. Por un lado, le facilita la vida, al ofrecerle continuamente nuevas oportunidades de inversión. Por otro lado, se la dificulta, al obligarle a reevaluar periódicamente las bondades de su cartera y el coste de oportunidad de mantenerla inalterada. Esto puede chocarnos, inicialmente, ya que siempre se ha dicho que el value investing implica invertir con una visión de largo plazo y tener paciencia (lo que suele asociarse con la conocida estrategia de buy and hold). Lo cual es cierto. Sin embargo, esta característica acarrea un ejercicio perseverante, de corto plazo, de intentar mejorar la cartera o, de lo contrario, ese largo plazo y esa paciencia pueden no alcanzar a ofrecer las rentabilidades que uno esperaba.

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