Tuvimos el placer de entrevistar a Alirio Sendrea, CFA, Director de Análisis de Invexcel Patrimonio. Alirio y su equipo buscan compañías con un excelente modelo de negocios, ventajas competitivas sostenibles, generación de caja, y una gestión amigable con los accionistas.

MOI Global en Español: Cuéntanos acerca de tu background.

Alirio Sendrea: Estudié Contabilidad en Venezuela y a los 17 años comencé a trabajar con mi padre, quien tenía una empresa de contabilidad, asesoría fiscal y legal para PYMES: hacía balances, impuestos, fotocopias y recados, pero además de eso mi padre me hacía acompañarle a reuniones con sus clientes, que luego comentábamos en detalle y allí comencé a entender el comportamiento tan poco racional que tenían las personas cuando se enfrentan a situaciones que afectaban sus finanzas. Aprendí mucho en esos primeros años con mi padre.

Justo antes de terminar la carrera me interesé por ganar experiencia en grandes compañías, así a los 21 años comencé a trabajar como auditor en Deloitte y luego en Finanzas en Procter & Gamble; experiencias intensas y enriquecedoras en compañías líderes mundiales en sus industrias.

En esos tiempos, los lamentables desarrollos políticos y sociales en Venezuela me hicieron tomar la difícil decisión de emigrar a España, un país muy cercano a mí por diversos motivos: idioma, familia –tengo ascendencia española-, amigos y costumbres. Una decisión dura pero que a la larga ha sido acertada, porque España es un país fantástico y lo que han hecho desde entonces los gobernantes de Venezuela no tiene nombre.

A mi llegada en el año 2007, los auditores con cierto conocimiento de IFRS estábamos muy bien cotizados, por lo que encontré trabajo con cierta rapidez como auditor en KPMG justo en el punto más alto de la burbuja financiera. La crisis me enseñó mucho, ya que pude vivir en mis propias carnes hasta qué punto puede llegar la irracionalidad del ser humano en dos momentos muy diferentes, una primera etapa en la que la borrachera de optimismo y el dinero fácil parecían no tener fin y los años posteriores al estallido de la burbuja en la que el pesimismo caló hasta lo más profundo de la sociedad. Recuerdo perfectamente esos tiempos de constante tensión que, aunque forjaron mi carácter, sinceramente no me gustaría repetir: noticias de bancos en quiebra, compañías que auditaba pasando por dificultades, empleados de esas compañías que veías hoy y cuando volvías a los pocos días habían perdido sus puestos de trabajo y socios muy nerviosos cuando firmaban las cuentas de los clientes. En esta coyuntura, sin experiencia y sin buscarlo, me encontré evaluando si las compañías que auditaba serían capaces de sobrevivir los próximos meses, o si el valor de sus participaciones y activos fiscales se había deteriorado. Y así fue como di con mi vocación.

 

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