Recientemente tuvimos el placer de entrevistar a Miguel de Juan Fernández, asesor principal de Argos Capital, fondo de inversión español que sigue una filosofía de Graham y Buffett. Miguel comparte su filosofía de inversión, el buen navegar del Argos, sus mayores errores de inversión, entre otras cosas. Además, deja claro quién es el CEO e inversor que más admira, y recomienda tres libros que ha leído recientemente y que lo han ayudado a mejorar su estilo de inversión.

The Manual of Ideas: Cuéntanos acerca de tu background.

Miguel de Juan Fernández: Empecé en una empresa familiar del sector lácteo y de ahí comencé en lo que entonces era AB Asesores Morgan Stanley Dean Witter, quienes acababan de adquirir la empresa española y Morgan Stanley aún mantenía el nombre de la fusión con Dean Witter de ahí el nombre tan extremadamente largo. Afortunadamente terminó quedándose en Morgan Stanley que por otra parte era lo normal. Allí recibí mi primer toma de contacto con el mercado financiero y con algunas de sus incongruencias, entre otras los primeros atisbos de que “algo” no se estaba haciendo como debería. Esto me fue llevando a otras entidades: Citi que acababa de implementar una estrategia de sólo banca personal y privada para las oficinas—; luego a Banif Banca Privada (actualmente denominada Santander Private Banking) y finalmente en Barclays Gestión de Patrimonios. Es evidente que el sector financiero supone un aluvión enorme de cambios, aunque sólo sea en el nombre.

Con el cambio a las entidades de banca privada la sensación de que lo que se estaba haciendo “algo” mal iba siendo cada vez más evidente, llegando al punto en que como bien indicaba Guy Spier en su estupendo libro The Education of a Value Investor (PALGRAVE MacMillan, 2014) te das cuenta de que lo que se espera de ti, respecto a los clientes, es algo que moralmente te supone un problema y como explicaba Guy estupendamente “nadie te dice que mientas o engañes… se supone que tú ya sabes que debes hacerlo”. Por eso decidí dejar la banca privada y centrarme exclusivamente en tratar de aportar valor a los inversores que confiaban en mí, sin más objetivos secundarios.

En relación a mi encuentro con el value investing tiene un punto de broma. Me encanta leer desde siempre y cuando encontré un libro en internet sobre Warren Buffett- el excelentísimo libro de Roger G. Hagstrom, The Warren Buffett Way (John Wiley&Sons, 1997)… me dio reparo comprarlo. Me explicaré: resulta que la portada resaltaba algo así como “estrategias del inversor que transformó cien dólares en cien billones”, y la verdad, parecía más bien la promoción de un libro de autoayuda que un libro sobre inversión. Sin embargo, seguía leyendo comentarios sobre Buffett y estaba claro que era un hombre muy respetado, por lo que decidí dar el paso y comprarlo.

Aun sin saber qué era el value investing fue mi primera (y mejor adquisición); lo compré de segunda mano, en edición de bolsillo (¡no compro libros en edición de bolsillo nunca!) y con el tiempo de espera estándar para que el coste de envío fuera el menor posible. Cuando lo recibí, lo abrí y empecé a leerlo. Estaba claro que no era ningún libro de autoayuda o no el típico libro de “mejórate a ti mismo”. Al contrario, en él escuché por primera vez a Warren Buffett hablar de la inversión, de las empresas y el mercado de una forma no sólo totalmente lógica sino además con un tremendo sentido del humor y absolutamente humilde.

Realmente me cambió la vida porque me ofreció un marco conceptual que encajaba con lo que había aprendido en la universidad o en la empresa sobre cómo analizar una empresa. Esto fue en el año 2001 y desde ese momento nunca más volví a mirar la bolsa y las acciones del mismo modo. Como explicaba Buffett en su famoso The Superinvestors of Graham-and-Doddsville, el value investing o te llega al instante como si te lo hubieran inoculado o no lo entenderás en la vida. En mi caso, ¡espero haberlo entendido!

MOI: Cuando creaste Argos Capital eran momentos críticos para los gestores por el trago amargo que dejó el sector financiero a nivel mundial durante los inicios de la crisis de 2008. ¿Qué es lo que hace diferente al Argos y que tus argonautas tengan esa confianza en ti?

MJF: Lo cierto es que si lo hubiera planeado quizás hubiera esperado dos años para comenzar el Argos Capital, ya que empezamos en un momento de caídas en el mercado generalmente hablo del mercado español—. De hecho, en las cartas mensuales incluyo dos fechas diferentes de inicio debido a cómo se dieron las cosas. Me explico. A mediados de Noviembre de 2010, cuando una serie de antiguos clientes me confirmaron que se comprometían en invertir en el fondo que se crearía, entrego mi carta de renuncia al banco y el 16 de diciembre de ese año la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores, el equivalente español de la SEC americana) nos da el alta del fondo. Desde esa fecha empiezan a contar las comisiones, pero desgraciadamente hasta que no alcanzamos un patrimonio mínimo determinado (empezamos con cero euros), no podía empezar a dar recomendaciones de compra o venta. Es decir, hasta el 21 de enero de 2011 no pude empezar a gestionarlo. Supongo que en la inmensa mayoría de los casos una diferencia de día no suele ser sustancial; en nuestro caso fueron bastantes días y, lo peor de todo, el mercado el Ibex35 con dividendos brutos o total return subió un 10 % en ese periodo. Dicho de otra forma: comenzaba a operar con una desventaja de diez puntos respecto al mercado. De ahí que siempre incluya las dos fechas de inicio (aunque obviamente entiendo que la comparativa correcta es desde cuando yo puedo empezar a operar).

En mi caso, los argonautas originales ya me conocían de antes de ahí su confianza inicial; algunos dirían inconsciencia y sabían cómo me había comportado durante la crisis financiera. De hecho, básicamente está escrito porque el primer libro que publiqué, El lemming que salió raro (Ed. Eje Producciones Culturales, 2012) recoge las cartas mensuales que desde noviembre de 2007 a noviembre de 2010 enviaba a mis entonces clientes. En su caso sabían que el salto al Argos y así se deja entrever en la carta de lanzamiento se hacía por y para ellos, para no tener que recomendar inversiones que mi sentido común no me alarmara contra ellas.

Desde luego la confianza que en su día unos inversores te otorgan, como explica Seth Klarman en su libro Margin of Safety (HarperCollins, 1991), cuando habla de cómo sus primeros inversores confiaron en él (entonces un desconocido). Hay que mantenerla [la confianza] e incrementarla no sólo con resultados sino con honestidad y transparencia. Creo sinceramente que estos dos últimos aspectos son, con mucho, muy minusvalorados por el sector financiero y resulta sorprendente, ya que se supone que el sector financiero en su conjunto “vende” honestidad y transparencia; y en la práctica brillan por su ausencia. En mi caso, he intentado desde el principio llevar a rajatabla el consejo de Warren Buffett: “dar la información a mis inversores que a mí me gustaría recibir si estuviéramos en puestos cambiados”, explicando en primer lugar los principios y el porqué del Argos; comentar los errores con total “candidez” (palabra que usa Buffett y que me encanta por lo que representa de confianza en el otro), humildad a la hora de hablar de los aciertos, prudencia y tratar de explicar cada paso que doy con “su” patrimonio.

En este sentido, el Argos siempre ha ofrecido algo distinto a otros fondos. Obviamente en cuanto al concepto de value investing de Buffett y Graham y se pueden encontrar enfoques más ligados a uno o a otro. Como he explicado en muchas ocasiones, creo que ambos enfoques son compatibles (tanto Buffett como Graham opinan igual) y creo que de la misma forma que la mayor parte de los fondos value se centran exclusivamente en el mundo de las acciones y olvidan otros activos por ejemplo, renta fija, deuda distressed u operaciones de arbitraje. Hay una guerra que no me gusta nada en cuanto a “categorizar” o compartimentar quién es más o menos value. Creo que es un error y por eso los argonautas no estamos restringidos nada más que por la búsqueda de margen de seguridad, independientemente de donde venga.

Al mantener un contacto casi personal (en muchos casos es así) con los argonautas con la carta mensual, con comunicaciones relevantes antes de la emisión de la carta, con la disposición a hablar y contestar cualquier duda o curiosidad que puedan tener; esa relación de confianza se ha ido incrementando, y quizás, el hecho de que sean “argonautas” (reyes, príncipes y héroes como les digo siempre) les haga sentirse realmente a bordo de una nave el Argos en la que ellos tienen voz, ya que es su dinero el que se está gestionando. De ahí la insistencia en el “espíritu del partnership” del que Buffett habla a sus accionistas en Berkshire Hathaway pese a que tienen estructura jurídica de sociedad anónima y no de partnership.

Quizás el conjunto de todo ello es lo que hace que los argonautas me soliciten a mí cosas que a otros gestores no les piden, y no siempre tienen que ver con la inversión propiamente dicha. Para mí, obviamente esto supone un orgullo y un auténtico honor. Cuando grandes inversores dicen estar felices de trabajar para el tipo de inversores que tienen, yo pienso para mí que más feliz me siento de trabajar para los argonautas porque me han demostrado desde el inicio, su compromiso tanto con el Argos como conmigo a nivel personal. A ellos les hago esa broma de “reyes, príncipes y héroes”, pero para mí, no es una broma en absoluto. Lo son.

MOI: ¿Cuál es el criterio de inversión del Argos?

MJF: Como indicaba más arriba, para mí el value investing se centra en comprar algo por menos de lo que vale. Ello implica varios puntos: el primero, invertir dentro del círculo de competencia ya que si hemos de calcular lo que vale algo, mal lo haremos si analizamos algo de lo que no tenemos la menor idea, teniendo en cuenta que incluso dentro de nuestro círculo de competencia cometemos errores; el consejo de Buffett de conocer el límite, el borde de nuestro círculo de competencia resulta tremendamente pertinente. En segundo lugar, obviamente, ser capaces de conocer lo suficiente esa empresa (o ese activo) para poder estudiarla y comprenderla y con ello calcular su valor. El resto ya depende del mercado, que es quien nos da el precio de cotización con el cual comparar lo que cuesta frente a lo que vale.

Fuera de estos parámetros generales cada inversor puede adaptarlo a su carácter o estilo personal como mejor le parezca. Hay inversores que se centran más en compañías tipo net-net y otros que buscan más empresas compounders o generadoras de valor, unos se concentran en microempresas y otros en grandes compañías. Esas diferencias pueden tener su efecto en el medio plazo, pero a la larga el uso del value investing debería ser capaz de ofrecer un marco en el que cualquiera de esos estilos logre obtener rentabilidades promedio superiores a la de su índice de referencia.

En el caso del Argos, gracias a su tamaño (de momento aún diminuto) tenemos la ventaja de que no estamos restringidos por ningún estilo ni por ningún tamaño. Podemos invertir en grandes compañías y en microempresas; podemos invertir en empresas compounders y dejarlas agrandar su valor con el tiempo o en empresas tipo net-net que en cuanto se acercan a su valor intrínseco deshacemos la posición. En este sentido la flexibilidad del Argos es básicamente ilimitada en cuanto a lo que podríamos alcanzar (a excepción de operaciones privadas donde el importe mínimo a invertir resulte descomunal frente a nuestro patrimonio actual). Otro rasgo del Argos es que no estamos limitados a invertir en acciones. Cuando lo diseñé quería tener la flexibilidad (o lo más parecido posible) que un inversor particular tiene de poder estar invertido en bolsa o fuera de ella (por eso, generalmente contamos con una posición de liquidez importante), por eso figuramos como un “fondo mixto”, lo que siempre provoca confusión en aquellos que no son argonautas.

Dicho esto, el tipo de compañías en la que me gusta invertir el patrimonio de los argonautas no provocará mucha sorpresa a los lectores de The Manual of Ideas, ya que como decía al principio: todos bebemos de Buffett y Graham; y como he dicho innumerables veces: “Buffett lo ha dicho todo antes y lo ha dicho mejor”. Como la inmensa mayoría, busco empresas excelentes, bien gestionadas, con poca o nada de deuda y de tenerla debe tener sentido que la tenga en su balance, que sean capaces de mantener e incrementar su ventaja competitiva y lógicamente, que sean empresas en las que pueda tener una visión razonada de su valor intrínseco.

Pero si la empresa no es excelente y en cambio es mediocre o está atravesando problemas, es muy posible que me sienta atraído hacia ella si el valor de liquidación (o parecido) de la misma es muy superior a su cotización. Es evidente que este tipo de empresas más del estilo al que asociamos a Benjamin Graham, son empresas que pueden terminar derivando en trampas de valor, de ahí que resulte esencial que su valor actual (olvidando el futuro) sea significativamente más alto que el precio de mercado y son empresas en las que no deberíamos esperar mucho tiempo a que dicho valor se revalorice. Al comienzo, siguiendo a Walter Schloss, pretendía mantenerlas entre tres y cuatro años. Tras una situación puntual, estaría dispuesto a aguantarlas en cartera hasta cinco años. Pero más ya no tiene mucho sentido.

Respecto al área geográfica o la divisa en la que esté cotizada o el tamaño de la misma, como he dicho antes, no tengo restricción de ningún tipo. Si puedo analizarla y comprenderla y su valor es mayor que el precio de mercado, compraré. Si acaso las únicas restricciones respecto a qué tipo de empresas comprar son aquellas que están en sectores fuera de mi círculo de competencia. Esto puede suponer dejar estupendas oportunidades fuera de mi ámbito de inversión, pero es preferible (vuelvo a Buffett) “saltar vallas de veinte centímetros que vallas de dos metros”. No es necesario complicarse la vida y creo que el propio Charlie Munger ha hablado en ocasiones acerca de la ventaja de las cosas simples. Si puedo encontrar un billete de cien euros a coste de cincuenta no necesito invertir también en billetes de quinientos euros (fuera de mi círculo de competencia) a doscientos cincuenta. No es necesario comprar de todo. De hecho, creo que una de nuestras responsabilidades como inversores (seamos “profesionales” o “amateurs”) es precisamente ser capaces de discriminar, de decir: No.

MOI: ¿Cómo generas ideas de inversión?

MJF: ¿De milagro no sirve como respuesta, verdad? Hablando en serio, la generación de ideas siempre ha resultado algo curioso. Básicamente creo que el aspecto principal para ello es tener sentido de la curiosidad y estar abierto a cualquier situación que pueda derivar en una discrepancia entre el valor y el precio de una empresa.

Obviamente lo que no puedes hacer es sentarte y esperar que se te ocurra la “gran” idea de inversión del año pero, ¿sabes?, es lo bueno de este trabajo para alguien como yo que me encanta leer. Tan sólo tienes que buscar, leer, estudiar y luego finalmente calcular el valor.

En ocasiones aparecen ideas para invertir de la forma más “mecánica”; por ejemplo, mediante el uso de algún tipo de screener ya que te permite descartar muchas empresas con un solo clic de ratón y dado que el día tiene horas limitadas, lo que podamos avanzar en el mismo tiempo es una ventaja. El problema de los screeners es que dejan fuera de sus rankings de empresas que por un motivo u otro suponen una estupenda oportunidad de inversión. Y los screeners al menos en mi caso tan sólo me sirven para cribar rápidamente empresas pero después he de proceder igualmente a la lectura de todos los documentos pertinentes para hacerme una idea real de lo que estoy comprando. Nunca he comprado una empresa sólo porque sus ratios fueran “buenos”. Creo que es importante esa labor de análisis en cuanto sea posible.

En otras ocasiones la búsqueda dentro de las grandes caídas (los famosos 52 lows) son una buena fuente de oportunidades de inversión y si se complementan con que esas posiciones han sido adquiridas anteriormente por otros inversores value, la situación se vuelve más que prometedora. Al final, la búsqueda de opciones, de ideas de inversión en las cartas de grandes inversores suele ser una alternativa de generación de ideas asombrosa, y en este sentido (y no es halagar), la labor que realiza The Manual of Ideas es una fuente estupenda para buscar, indagar, estudiar y seleccionar. No todas las ideas de otros inversores, ni siquiera de aquellos que más respetas, han de ser necesariamente buenas ideas para ti. Dentro de sus carteras puede haber alguna o muchas que encajen en lo que tú también estás buscando, pero primero deben ser empresas que estén en tu círculo de competencia y después hacer personalmente la labor más o menos tediosa en mi caso es una aventura de estudiarla y comprenderla; valorarla y si hay margen de seguridad, comprar. En este sentido la lectura de las cartas de otros inversores, son quizás el mejor screener al que se puede acceder.

En otras ocasiones y dado que el Argos es un fondo/ navío en el que los argonautas se sienten muy involucrados, algunas ideas han venido a través de ellos. Obviamente no acepto sus ideas sin más. Como digo, la labor real es comprender y estudiar esa posible inversión, pero han aportado más de una. Y en otras ocasiones simplemente el estar con los ojos abiertos y con la actitud curiosa de indagar; al conocer alguna noticia sobre alguna empresa de la que antes no te habías percatado de su existencia o al comprar en un supermercado y ver que habían instalado un nuevo sistema de caja. Este tipo de actitud, estar abierto a la posibilidad de que quizás quien hace esto, quizás quien vende esto, quizás quien ofrece este servicio, cotiza; y si lo hace, quizás merezca la pena echarle un vistazo.

A veces, es cierto, parece que las ideas se agotan y en ocasiones uno se siente desbordado de posibilidades. En el primer caso, mi consejo sería el de Irving Kahn: “sigue buscando”; en el segundo caso, no tener prisa y seguir estudiando una a una. Quizás alguna buena ocasión se aleje del rango de precios en el que podríamos haber invertido, de haber sido más ágiles. En otras ocasiones, ese “tiempo de espera” permite comprarla aún más barata. No tener prisa y no dejar de buscar. Una y otra vez.

MOI: ¿Qué tanta importancia le das al management? ¿cómo valoras al management? ¿Algún CEO que admires?

MJF: La importancia del equipo directivo puede ser crucial. Ciertamente hay empresas en las que su efecto se nota más (para bien o para mal) y otras en las que no se les nota tanto. Personalmente prefiero que el equipo directivo demuestre con hechos que está alineado con los intereses de los accionistas minoritarios y con el buen funcionamiento de la empresa. Ello a veces implica tomar decisiones que a corto plazo no son valoradas ni comprendidas por el mercado, pero ellos siguen adelante porque confían en su criterio sobre el valor futuro de la empresa y no se dejan influir por la volatilidad del mercado. Si además son la familia fundadora o tienen un peso importante o sustancial en el capital de la empresa, podrán equivocarse, pero no será porque su interés esté puesto en el corto plazo y en cobrar un bonus a final de año.

Aunque intento encontrar empresas en que el efecto del equipo directivo no suponga un peso primordial en la valoración de la compañía, cuando se encuentra una empresa cuyo management representa un extra, cuando representa un equipo con el que uno estaría a gusto trabajando, digamos que la valoración de la empresa tiene un sesgo positivo; sencillamente porque la honestidad, transparencia, el buen hacer, el compromiso del management hacia la empresa y hacia sus accionistas, es casi una garantía de que las cosas saldrán bien; y si hay sorpresas negativas, siempre serán explicadas de forma transparente, lo que permite entender qué se ha hecho mal y qué pasos se están dando para revertir la situación.

Obviamente, al final las proclamas y buenas palabras del management han de verse refrendadas en los números que la empresa muestre de ahí que una empresa con ventaja competitiva y duradera sea tan excepcional, tanto que incluso un mal equipo gestor no le hará un daño permanente, parafraseando a Buffett. De ahí que sea tan importante retrotraerse varios años en el estudio de la compañía para ver lo que el equipo directivo ha dicho y ha hecho, para poder comparar lo que ofrecían con lo que han obtenido, para ver cómo han explicado sus errores y cómo los han solucionado.

Aparte de mi padre y teniendo en cuenta que hay grandes CEOs a nivel mundial (por ejemplo Rafael del Pino de la empresa española Grupo Ferrovial), el que realmente capta mi atención es Warren Buffett. Creo sinceramente que él va un paso por delante del mejor (en mi caso me lleva una maratón de ventaja), tanto por lo que ha logrado con los volúmenes que está gestionando, como por la forma de hacerlo y sobre todo por el ejemplo de honestidad y transparencia. Recuerdo el caso de cuando les preguntaron a él y a Charlie Munger si vendrían acciones de una empresa que ellos querían comprar y su respuesta fue que no. Creo que hay muy, muy pocos que sean capaces de comportarse de esa forma con aquellos a quienes les ofrecen comprarles la empresa.

MOI: ¿Hablas con el management de la empresa?

MJF: Normalmente no lo hago. Básicamente porque no es necesario. Lo he hecho en alguna ocasión pero tampoco es algo que necesite para analizar una empresa. Es bien sabido entre los lectores de The Manual of Ideas, que los CEO suelen ser los mejores vendedores de su propia empresa. A veces, es cierto que pueden aportar un conocimiento más refinado sobre algún aspecto; en otras ocasiones puede suponer un sesgo a favor de la empresa sea en la inversión o en el mantenimiento que puede resultar peligroso.

Afortunadamente como he comentado a lo largo de estos años, no hay ninguna obligación de hacerlo: no te hace “más value” ni mejor gestor el hablar con el equipo directivo. Creo que como en todo lo relativo a la inversión, debemos ser lo más abiertos posibles a este tipo de “opciones”; no estoy muy de acuerdo conque haya de hacerse de forma obligada y tampoco creo que deba evitarse a toda costa. El propio Buffett ha comentado en más de una ocasión que ha comprado empresas tras cinco minutos de ver las cuentas y sin haber hablado más con el dueño que le vendía la misma ni haberse acercado a visitar la empresa físicamente. No es necesario, sobre todo no es obligatorio.

MOI: ¿Cómo encuentras el equilibrio en tu cartera respecto a la concentración en tus mejores ideas y la diversificación necesaria para controlar el riesgo de posibles caídas?

MJF: El Argos es un fondo con una filosofía de inversión concentrada. Generalmente tenemos entre 20-30 títulos en cartera y me siento más confortable con veinte que con treinta; y la concentración es real, quiero decir, tenemos pocas empresas (por muy pocas me refiero a una o dos) cuyo peso en el global del patrimonio gestionado sea inferior al 1-1.5 %. Prefiero tener pesos más significativos en el conjunto de cada posición.

Esta concentración debería, en principio, resultar en una cartera muy volátil pero aunque no me preocupa la volatilidad del fondo, la idea básica es mantener una posición de liquidez más o menos importante. Entiendo que el grueso principal del esfuerzo de “control de riesgo” estriba en el análisis de cada empresa y en que nos ofrezca un amplio margen de seguridad. Dicho en otras palabras: que la empresa el conjunto de las empresas que tenemos en cartera valga mucho más de lo que nos plantea el mercado. En este sentido el propio margen de seguridad es el mejor control de riesgos que pueda haber. Obviamente hablando del riesgo tal y como se entiende en el mundo value: como pérdida real. La volatilidad en sí no figura dentro de mis preocupaciones.

En cambio el uso de la liquidez (o de otras alternativas como puede ser un REIT o una operación de arbitraje como placeholders) sí aportan un extra de control respecto a esa volatilidad. Por supuesto, no tengo la liquidez “por” la volatilidad (que de hecho si me preguntaras cuál es,  tendría que mirarlo en la ficha oficial del Argos porque yo ni siquiera la incluyo en la carta mensual); sino que tengo la liquidez con vistas a invertir en cuanto encuentre alguna empresa infravalorada. Nada más. A veces el nivel de liquidez resulta más amplio y en otras más escaso, pero generalmente pienso que siempre tendré un nivel de liquidez comparativamente más elevado de lo que suele ser habitual.

MOI: Cuéntanos sobre uno (o un par) de tus mayores errores de inversión. ¿Alguna empresa que te hayas arrepentido de no haber comprado?

MJF: Desgraciadamente es fácil contar un error. Agradable no es, desde luego, pero como les escribía a los argonautas en la Carta de Lanzamiento hace casi siete años: “es seguro que cometeré errores”. En este caso el error se refiere a la empresa Rite Aid [RAD], empresa del sector farmacéutico donde invertí en lo que parecía una clara operación de arbitraje. A mediados de noviembre de 2016 se preveía que las compañías Walgreens [WBA] y Rite Aid [RAD] iban a firmar la fusión entre ambas hacia finales de enero de 2017 a un precio de US$9 por acción de Rite Aid pagadero en efectivo. El precio al que adquirimos la posición inicial representaba una rentabilidad prevista del 10 % en un plazo de tiempo muy corto.

Poco antes del vencimiento para anunciar la fusión, y cotizando casi en el precio de la oferta, se anunció que la operación se posponía seis meses y se modificaban las condiciones. En este momento debería haber asumido la pérdida y haberme olvidado de la misma, pero como desgraciadamente los argonautas saben se me ocurrió la feliz idea (obviamente es ironía) de incrementar la posición a los precios más reducidos porque, ahora sí, al modificarse las condiciones e incrementar el plazo para dar tiempo al organismo regulador, la Comisión Federal de Comercio (FTC), a revisar y solventar las dudas posibles, esta vez sí como digo la operación se llevaría a cabo y al precio medio tras las compras en la caída, al menos recuperaríamos la inversión.

Finalmente tuve que asumir mayores pérdidas llegó a ser la mayor posición del Argos por lo que generé más perdidas a los argonautas de las que hubiéramos tenido de haber cerrado la posición al inicio cuando la operación de arbitraje por la que había invertido se había trastocado. Actualmente aún mantenemos una posición más reducida en Rite Aid [RAD] porque a su precio actual está extremadamente infravalorada (y acaba de recibir el visto bueno de la FTC a la operación de compraventa de una parte de la empresa por Walgreens [WBA]).

Asumir los errores no es plato de gusto. Tengo muy presente que el dinero que he perdido es de los argonautas y me duele en el alma darles malas noticias. La ventaja de trabajar con ellos es que, tras contárselo (Buffett creo que tiene una máxima al respecto de los errores: dilo todo, dilo pronto y dilo ya), todos ellos me enviaron mensajes de ánimo y apoyo, ¡me estaban animando más ellos a mí que yo a ellos! Realmente son excepcionales.

MOI: ¿A cuáles de los grandes inversores admiras más y por qué?

MJF: Bueno creo que a lo largo de la entrevista ha quedado clara mi admiración por Buffett. No es sólo que llegara al mundo value de su mano (o por el libro de Hagstrom antes citado), sino que a lo largo de los años he aprendido de él más que de ningún otro y en especial, más que admirarme sus logros en cuanto a rentabilidad y el haberlo hecho con los volúmenes de dinero con los que lo ha logrado (que es único) me admira más su humildad; la cercanía, el sentido común y el sentido de humor que siempre ha mostrado. Desde mi punto de vista, si el mejor inversor de todos los tiempos se muestra tan humilde, tan prudente, tan “guasón” chistoso podríamos decir—, observar o leer a otros inversores, desde luego mucho menores que Buffett, actuar en un aura de seriedad o de estar envueltos en un secreto sólo por ellos conocido, la verdad me hace gracia. Yo soy bastante guasón por mi parte: los argonautas sufren mis bromas en las cartas y aún así me aguantan. Pero me siento incapaz de, viendo el ejemplo de Buffett, caminar por el mundo como si “el value fuera yo”.

A veces quitarle importancia a las cosas es obligado cuando el mejor lo hace.

MOI: Menciona un par de libros que hayas leído recientemente y que te hayan otorgado nuevos conocimientos para mejorar como inversor.

MJF: Te mencionaré tres: The Manual of Ideas, de John Mihaljevic que me pareció estupendo y llevaba tiempo deseando leerlo. Puedo decir que además de su claridad, está estupendamente bien escrito y sus diferentes capítulos sobre diferentes estilos, o regiones del value investing, son amenos y realmente aportan mucho valor. La pena fue no haberlo leído antes de escribir el mío porque me habría servido para mejorarlo. Es un libro práctico y que hay que releer cada cierto tiempo.

El segundo es The Five Rules for Successful Stock Investing, de Pat Dorsey. Me ha gustado mucho más que su otro libro más famoso: El pequeño libro que genera riqueza. Quizás porque este último es más adaptado a lectores que desean iniciarse en el mundo de la inversión y el que recomiendo ya demanda un cierto conocimiento. En conjunto me parece que aporta mucho más valor.

El tercero ha sido un descubrimiento casi fortuito: Simple but not easy, de Richard Oldfield. Es un libro repleto de gran cantidad de anécdotas y situacionesalgunas de las cuales en las que me he reconocido en mi etapa en banca privada y que además está lleno de un fino humor inglés. Realmente un muy agradable descubrimiento que aporta una visión diferente de la que generalmente solemos leer en el mundo value. En este sentido creo que tiene más paralelismo con el libro de Guy Spier que con el de Dorsey, por citar dos que he nombrado en esta entrevista.

MOI: ¿Algo más que quisieras agregar para nuestros miembros?

MJF: Lo único que agregaría sería que la recomendación principal sería que no dejen nunca de leer, de buscar y aprender. Trabajar en un sector en el que te pagan por leer es un auténtico placer y la ventaja es que cada día hay nuevas cosas que aprender. Es una auténtica aventura. Que no se cansen nunca de ello.

Y lo último que querría decir es que me siento muy agradecido a MOI Global por la oportunidad de esta entrevista. Sois posiblemente la mejor opción para aprender de los mejores inversores y ha sido un honor haber podido charlar con vosotros.

MOI: Muchas gracias Miguel, por compartir tu sabiduría con nuestros miembros.

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