NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Javier Ruiz, CFA,  es un extracto de una carta trimestral de Horos Asset Management.

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Se consigue un margen de seguridad cuando se compran acciones a precios suficientemente por debajo de su valor intrínseco para protegernos de errores humanos, mala suerte o extrema volatilidad en un mundo complejo, impredecible y en continuo cambio
— Seth Klarman

Uno de los principios básicos que se enseñan en los módulos de gestión de carteras de casi todas las escuelas de finanzas es que, para maximizar la rentabilidad de nuestras inversiones, se necesita asumir un mayor riesgo. Sin entrar en valorar las medidas de riesgo que suelen utilizarse – podríamos dedicar varios párrafos a explicar por qué la volatilidad, la beta o cualquier otra medida estadística relacionada con la evolución de una acción, no son medidas adecuadas -, esta asunción suele quedar muy arraigada en la mayoría de los inversores, sean profesionales de la industria o particulares. Si lo pensamos un momento, intuitivamente tiene todo el sentido del mundo. ¿Cómo va a ser posible conseguir rentabilidades importantes asumiendo poco riesgo? El que no arriesga no gana, ¿verdad? Sin embargo, al menos en el mundo de la inversión, la realidad es muy diferente: asumir riesgos es la mejor receta para dilapidar nuestros ahorros.

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