NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Javier Ruiz, CFA, es un extracto de una carta trimestral de Horos Asset Management.

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La nueva carrera espacial

Para la gente de aquí, las victorias de AlphaGo fueron, a la vez, un reto y una inspiración. Se convirtieron en el “Momento Sputnik” de la inteligencia artificial.
— Kai-Fu Lee

El 4 de octubre de 1957, la antigua Unión Soviética puso en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial de nuestra historia. Aquel momento sacudió a la sociedad americana, hasta entonces convencida de su superioridad tecnológica y espacial a nivel mundial. Este suceso acabaría siendo bautizado como el “Momento Sputnik”, al despertar a los americanos de su letargo, dando un fuerte impulso a la Carrera Espacial, cuyo culmen sería la llegada de Neil Armstrong a la Luna y la constatación del liderazgo para Estados Unidos.

Sesenta años después, en mayo de 2017, AlphaGo (un programa de ordenador de inteligencia artificial desarrollado por DeepMind, compañía filial de Google) batió a Ke Jie, el mejor jugador de Go del mundo.1 Este juego milenario, mucho más antiguo que el ajedrez, cuenta con un tablero que encierra una combinatoria posible de jugadas superior a los átomos del universo, lo que convertía en “imposible” el que una máquina pudiera batir a un humano. Pues bien, lo imposible sucedió y fue visto por casi 300 millones de ciudadanos chinos, grandes aficionados a este juego, generando una especie de “Momento Sputnik” para el país. Poco después, el gobierno chino anunciaría su objetivo para 2030, de convertir al país en la mayor potencia de inteligencia artificial del mundo.2

Seguramente se encuentre entre los que piensan que es un objetivo excesivamente ambicioso, por no decir descabellado. Hoy, Estados Unidos es la mayor potencia tecnológica del mundo y, obviamente, su liderazgo en el desarrollo de la inteligencia artificial no es una excepción. Empresas como Amazon, Google, Microsoft o Facebook aseguran una continuidad a futuro, ¿verdad? ¿O acaso el plan del gobierno chino tiene más sustancia de lo que podríamos inicialmente pensar? Para responder a esta cuestión tenemos que comprender, primero, en qué momento de la inteligencia artificial nos encontramos.

Según Kai – Fu Lee, uno de los mayores expertos de inteligencia artificial del mundo y autor del libro “Superpotencias de la inteligencia artificial: China, Silicon Valley y el nuevo orden mundial”, la inteligencia artificial está entrando en lo que él denomina la era de la implementación, después de muchos años en la era de las capacidades. Esta última concentró todo el desarrollo de la inteligencia artificial (su “creación”), por lo que el ingrediente esencial para su dominio era el capital humano muy especializado. Como los mejores ingenieros y programadores se concentraban, fundamentalmente, en Estados Unidos, este país ha sido el líder indiscutible del periodo. Sin embargo, en la era actual en la que nos estamos adentrando, el capital humano, aun siendo relevante, dejará de ser tan fundamental. Entramos en una fase en la que se busca implementar estos desarrollos de inteligencia artificial y convertirlos en escalables. Por este motivo, la capacidad computacional y, muy especialmente, el llamado big data (datos a gran escala) son las variables que más marcarán la diferencia en la mejora de los algoritmos. Precisamente, este es uno de los motivos por los que China puede inclinar la balanza a su favor frente a Estados Unidos, como veremos más adelante.

Por otro lado, como hemos mencionado hace un momento, el gobierno chino tiene el objetivo de conseguir el liderazgo mundial en la inteligencia artificial. Para ello, ha puesto en marcha todo el engranaje del país en esa dirección, incentivando a las autoridades locales de todas las provincias a facilitar su implementación, mediante medidas como incentivos fiscales, subsidios al alquiler para las empresas de nueva creación, financiación favorable o, en casos más extremos, hasta desplazar un vecindario entero a otra dirección para relocalizar el centro tecnológico de la ciudad. Posiblemente, ningún país cuente con un plan de incentivos para su implementación tan agresivo y de mayor escala.

Por último, las particularidades de la sociedad china en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la propiedad intelectual, así como la adopción masiva de los dispositivos móviles, generan un círculo virtuoso inigualable. En las próximas secciones veremos por qué.

El Salvaje Oriente3

Un consejo, chico. Esto puede ser como el Salvaje Oeste, pero tú no eres un vaquero. Ni siquiera eres un chico vestido de vaquero.
— Caitlin Kittredge

Al contrario de lo que aún podamos pensar en Occidente, hace tiempo que China superó esa fase en la que copiaba, con mayor o menor fortuna, los modelos de negocio de las empresas occidentales. Una fase, por otro lado, irremediable y necesaria para el gigante asiático. Pensemos que, a finales de los años 90, Estados Unidos contaba con una penetración de internet del 30% de su población, cuando en China era prácticamente inexistente. Según China fue industrializándose y desarrollándose, los empresarios del país comenzaron a buscar modelos que habían funcionado en otros países, para tratar de implementarlos (literalmente) a su imagen y semejanza.

Un ejemplo elocuente lo encontramos en la figura de Wang Ching, al que se bautizó con el significativo apodo de “El Clonador”. Wang copiaría absolutamente todo de Facebook y Twitter para lanzar Xiaonei (posteriormente Renren) y Fanfou. En 2008, Renren era la plataforma social líder en el país asiático. Sin embargo, su trono se vio amenazado por la irrupción de un nuevo competidor, llamado Kaixin001, cuya plataforma, como novedad, integraba videojuegos. Pese a ello, Kaixin001 adolecía de un problema que terminó siendo su perdición. El dominio web Kaixin estaba ya registrado y, al ser una empresa aún con pocos recursos, no tenía capacidad para adquirirlo, por lo que tuvo que utilizar el particular nombre de Kaixin001. Renren, líder indiscutible del país y con mucho más músculo financiero, adquirió el dominio Kaixin. Por si no fuera suficiente, copió de manera exacta el interfaz de Kaixin001 y, haciendo gala de una competencia sin escrúpulos, puso en esta nueva web la frase “la auténtica red Kaixin”. Los usuarios chinos no sabían cuál era cuál y comenzaron a inscribirse en esta nueva página, con lo que Renren se veía beneficiada. Finalmente, Renren se fusionó con su “nueva” Kaixin. Obviamente, Kaixin001 denunció la situación, pero el daño ya fue irrecuperable. Aunque, en su momento, Renren y Fanfou adquirirían gran popularidad en el país, la llegada de los dispositivos móviles y la intervención del gobierno chino acabarían con ambos negocios.

Es importante entender que esta época copiadora sentó las bases para el desarrollo empresarial y la acumulación de capital humano, hasta el punto de que los empresarios chinos comenzaron a mejorar los modelos de negocio y productos occidentales, innovando y adaptando estos a las demandas de su sociedad. Esta innovación y adaptación se alimenta de un despiadado entorno competitivo, como acabamos de ver, en el que no se respeta la propiedad intelectual y en el que copiar y desprestigiar sin fundamento a los competidores no está mal visto. Esto puede explicar, en parte, cómo compañías tan relevantes en Occidente, como Uber, eBay o Groupon, tuvieron que tirar la toalla en sus objetivos de hacerse con el mercado chino. Mientras que la cultura empresarial de las start-ups (compañías de reciente creación) americanas siempre se ha centrado en implementar un nuevo concepto o cumplir algún tipo de objetivo idealista, la cultura empresarial china fomenta ganar dinero, casi a cualquier costa.

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