NOTA DEL EDITOR: Este texto es un extracto de una carta trimestral de Prime Value.

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El acto de invertir en bolsa supone dar una opinión sobre el mercado. Invirtiendo en ETFs o fondos indexados estaremos aceptando la opinión del consenso, asumiendo que los precios actuales de cada acción reflejan el valor de la compañía, lo que ha demostrado ofrecer una aceptable rentabilidad a lo largo de la historia, batiendo holgadamente a la inflación.

Si queremos conseguir una rentabilidad superior a esta media de las bolsas, deberemos opinar diferente del mercado en nuestras inversiones. Opinar diferente supone indirectamente afirmar que el mercado no es eficiente en determinados casos, es decir que nosotros tenemos razón y el mercado está equivocado.

Tal afirmación supone tener unos conocimientos por encima de la media del mercado sobre las empresas que tenemos en cartera. Y eso no es fácil debido a que hay un gran número de incentivos en el negocio de la bolsa, el cual mueve billones de dólares a través de analistas inteligentes entregados a encontrar ineficiencias, a encontrar valor.

Por ello, como indicó Mohnish Pabrai, uno de los mejores inversores de la actualidad, las tres palabras más importantes en la inversión son Círculo de Competencia. Por su propia definición opinar diferente del mercado supone centrarte en unos pocos negocios que puedas conocer lo mejor posible.

Si bien estas ineficiencias se pueden dar en todo el mercado, existirá un mayor número entre las pequeñas empresas, ya que serán menos seguidas por los analistas de los bancos de inversión.

Esto no evita que en ocasiones excepcionales, el mercado esté equivocado en un sector en su conjunto. Un ejemplo lo podemos ver en la burbuja inmobiliaria de la década pasada, donde el consenso del mercado aceptaba el mantra que afirmaba que el precio de las viviendas nunca baja. Adam McKay retrató esta historia en la película The Big Short, basándose en el libro homónimo de Michael Lewis.

El protagonista, Michael Burry, desoyó este consenso y analizó por sí mismo las hipotecas que comprendían los instrumentos que se negociaban entre los bancos de Wall Street, hasta descubrir que estaban empezando a incumplirse pagos, lo que hizo que Burry se pusiese corto (apostó a la baja) sobre el precio del sector inmobiliario, lo que le supuso una rentabilidad astronómica cuando sucedió lo que él había previsto.

El análisis que se requiere para ser contrarian sobre un sector es extraordinario, aunque quizá la tarea más complicada sea evitar los sesgos hacia los que el consenso nos empuja a modo de cientos de noticias y opiniones opuestas a nuestros análisis. Esta soledad del inversor también se aprecia perfectamente en The Big Short.

Dicho esto, el aliciente es monumental. Cuando el mercado está equivocado en una industria completa las oportunidades se multiplican, ya que el inversor no ha encontrado una empresa infravalorada, sino un sector donde normalmente capitalizarán decenas de empresas. Será como pescar en una piscifactoría.

Esta situación se ha producido en uno de los sectores más seguidos del mercado, el petróleo.

Que esta circunstancia se presente en una industria tan analizada, nos recuerda que realmente no hay muchos analistas que hagan un estudio profundo, independiente y objetivo, sino que la fuerza de los sesgos afecta al mercado a través de la narrativa aceptando una opinión equivocada.

Esto genera, para todo aquel que esté dispuesto realizar un estudio minucioso, una oportunidad que pocas veces se presenta en la vida de un inversor.

Sobre el precio del petróleo

It’s only getting started – you haven’t seen the good stuff yet

-HFI Research.

A pesar de la narrativa negativa que lleva instalada en el mercado más de tres años, la demanda mundial de petróleo continúa excediendo significativamente la oferta. Provocando un déficit relevante originado por una tremenda infrainversión en la última década.

En efecto, en los últimos 10 años se han consumido 360 mil millones de barriles de petróleo convencional y se han descubierto 110 mil millones. Creando un déficit de 250 mil millones de barriles.

Desde 2012, hemos consumido casi 210 mil millones de barriles de petróleo, mientras que los descubrimientos convencionales sólo han alcanzado los 40 mil millones de barriles.

Sólo en los últimos seis años hemos consumido 170 mil millones de barriles más de los que hemos descubierto a través de los hallazgos de petróleo convencionales. En cuanto a las reservas no convencionales (shale) de EE.UU. las estimaciones fijan unos 35 mil millones de barriles, es decir insuficientes para cubrir el déficit.

 

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