En esta entrevista con José Antonio Larraz, socio fundador de Equam Capital y miembro de MOI GLOBAL, conoceremos sus inicios como inversor, el enfoque de inversión de Equam Capital y algunos consejos que los inversores deben seguir.

 

MOI Global en Español: Cuéntanos acerca de tu formación y tu trayectoria.

José Antonio Larraz: Al acabar mis estudios de Empresariales y Derecho en España, empecé mi carrera profesional en banca de inversión, asesorando a empresas en operaciones de adquisición, salidas a bolsa, financiación, etc… Estuve cuatro años en Londres y Nueva York y fue una magnífica escuela de formación porque siendo muy joven tuve una gran exposición a los equipos directivos de compañías, estando involucrado en el asesoramiento sobre aspectos esenciales de desarrollo de las mismas.

Después de cuatro años en banca de inversión y entre medias un MBA en Insead, regresé a España y me incorporé a una sociedad de capital riesgo donde invertíamos en compañías no cotizadas a medio plazo. Básicamente comprábamos compañías que tenían negocios atractivos y que estaban operadas por buenos equipos directivos, y ayudábamos a estos en el desarrollo estratégico de las compañías y en la implementación de medidas en relación con el desarrollo orgánico e inorgánico, asignación de capital, financiación, planes de incentivos, etc… El horizonte temporal era normalmente de entre 5 y 7 años y participábamos en los consejos de administración de las compañías desde donde dábamos apoyo a los directivos. En mi caso tuve la suerte de participar en operaciones muy variadas tanto en cuanto a sectores (alimentación, retail, química…) como resultado de las inversiones. Aprendí varias cosas muy importantes pero destacaría i) la necesidad de paciencia, ya que para crear valor en un negocio es imprescindible el paso del tiempo, ii) la importancia de los equipos directivos; y iii) la forma en que los inversores privados e industriales piensan en relación al valor de los negocios.

Lo atractivo de las inversiones en compañías no cotizadas es que no tienes un precio de referencia diario ni por tanto la presión o distracción que de ello se deriva. Pero también hay aspectos negativos. Principalmente la dificultad de comprar a precios atractivos y de cerrar operaciones en un entorno que, al menos en España, se volvía cada vez más competitivo. Esto se hizo patente sobre todo a partir del año 2010, donde como consecuencia de la crisis empezaron a escasear las operaciones de compañías atractivas (los posibles vendedores de este tipo de compañías no estaban dispuestos a poner en venta sus compañías en ese momento) y a la vez había un exceso de liquidez como consecuencia del gran número de fondos que había levantado dinero antes de la crisis y que tenían que invertir lo antes posible. El caso es que en esa época se hizo muy difícil realizar operaciones a precios mínimamente atractivos y nosotros que nunca quisimos sobre pagar nos quedamos consistentemente fuera de los procesos. Todo esto llevó a que en unos pocos años vendimos nuestra cartera de participadas y al no hacer nuevas inversiones nos quedamos sin inversiones lo que nos llevó a disolver nuestro proyecto.

En ese momento me tuve que plantear como continuar mi carrera profesional. Tenía muy claro que después de más de 12 años invirtiendo en compañías quería seguir relacionado con el mundo de la inversión, pero también que estaba muy cansado del mundo transaccional donde básicamente sólo puedes comprar aquellas pocas compañías que en un momento dado están en venta y además con un resultado muy binario ya que después de varios meses de proceso de análisis y negociación de una operación sólo caben dos escenarios o cierras la operación o no tienes nada.

En este contexto, empecé a hablar con mucha gente y a plantearme la posibilidad de dar el salto a los mercados cotizados. Al principio tenía dudas de si el proceso de transición iba a ser fácil y si podría estar preparado para el cambio. Tres factores fundamentales me ayudaron a tomar la decisión:  i) Descubrí que había varios casos de gestores de fondos que habían hecho un cambio parecido; ii) la inversión en los mercados cotizados no me era totalmente desconocida ya que venía de una familia de larga tradición inversora en bolsa; y iii) encontré al socio adecuado (Alejandro Muñoz) para lanzar el proyecto ya que compartíamos una misma forma de entender la inversión y además él tenía la experiencia de haber lanzado previamente un vehículo y firma de asesoramiento como el que queríamos nosotros.

De esta manera en marzo de 2014 nació Equam y finalmente en enero de 2015 después de varios meses de trámites burocráticos y aprobaciones administrativas conseguimos lanzar nuestro vehículo Equam Global Value.

 

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