Entrevistamos a Tomás Casanegra, inversor value chileno, profesor universitario, columnista, CEO de Estonia, un family office chileno, y director de inversiones y socio fundador en ASL Inversiones.

MOI Global en Español: Cuéntanos acerca de tu formación y tu trayectoria.

Tomás Casanegra: Estudié Ingeniería Civil en la Pontificia Universidad Católica de Chile en los años 90, con mención en Ingeniería Industrial y Eléctrica, y quizás por lo mismo me resultó muy natural ingresar a trabajar a Chilectra [actualmente conocida como Enel Distribución Chile], distribuidora eléctrica de Santiago, y filial del Grupo Enersis [actualmente Enel Américas], grupo con inversiones en varios países de Sudamérica. Fui muy afortunado en mis comienzos, principalmente por las personas con las que me tocó trabajar, como también por ser parte de los cambios que estaban ocurriendo en aquellos años en las empresas del grupo. Enersis estaba pasando de ser controlada por capitales chilenos a ser adquirida por el grupo español Endesa. Durante este periodo de transición, en que no existía un claro controlador, se me invitó a ser parte de un equipo de diez profesionales (cinco de Enersis y cinco de la española Endesa) dedicados a analizar todas las empresas de distribución que ambos grupos mantenían en el mundo buscando oportunidades de mejora que se pudieran extender al resto. Mi misión en particular fue evaluar la situación financiera y fuente de ingresos de las distintas empresas. Diría que este proyecto fue mi primer acercamiento a comprender cuales son los reales fundamentos que dan valor a una compañía.

Endesa terminó tomando el control de Enersis, y hoy en día ambas forman parte de la italiana Enel. Pero volviendo a mi carrera, con proyecto terminado y experiencia acumulada, decidí profundizar mis estudios haciendo una maestría en Estados Unidos. Mi elección, muy propia de los que sentimos cierta de debilidad por las finanzas, fue The Wharton School de la Universidad de Pennsylvania. Postulé, fui admitido, y además Enersis decidió cubrir los costos del MBA. Como si esto fuera poco me casé ese mismo 2001, y mientras hacía la maestría llegó nuestra primera hija. Me gusta creer que, así como Einstein tuvo su año milagroso en 1905, yo tuve el mío ese 2001, relativizando, obviamente.

Terminado el MBA, y como parte del compromiso que tenía con Enersis de retornar a trabajar con ellos, surgió la posibilidad que me hiciera cargo de una filial del grupo en Rio de Janeiro, Brasil. Durante ese período, que iba a ser originalmente de dos años, pero se alargó a más de seis, llegaron dos nuevas alegrías a nuestras vidas: nuestra segunda y tercera hija.

Mark Twain decía que no hay que dejar que la escuela interfiera con tu educación, por lo que trabajando en Rio, sin más estudios formales en finanzas, partió realmente mi educación como value investor. Comencé leyendo las cartas de Warren Buffett a los accionistas de Berkshire Hathaway para de ahí continuar leyendo todo lo que encontraba sobre la materia. En paralelo, revisaba estados financieros y realizaba mis inversiones personales aplicando lo que iba aprendiendo. Obviamente mi educación formal en finanzas me ayudó mucho, pero creo que lo que realmente se necesita para ser un buen inversionista, al menos en la parte analítica del tema, es poder separar la paja del trigo sin ahogarse en datos y antecedentes que no son más que ruido.

 

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