NOTA DEL EDITOR: Este artículo fue escrito por el instructor de MOI Global Jim Roumell, socio y gestor de cartera de Roumell Asset Management, con sede en Chevy Chase, Maryland.

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Marty Whitman, fundador de Third Avenue Value Funds y colosal inversor en valor iconoclasta, falleció el 16 de abril de 2018 a la edad de 93 años. El comportamiento de Marty fue una vez descrito acertadamente como una mezcla de Art Carney y Marlon Brando. Fue un niño judío de clase trabajadora que creció en el Bronx, prestó servicio en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, y luego asistió a la Universidad de Siracusa con apoyo del G.I. Bill. Desde estos humildes comienzos, se convirtió en una leyenda de Wall Street. Rápidamente aceptó las representaciones que hacían los medios sobre él, como: “Buscador de Gangas” e “Inversor Carroñero”1. Al igual que muchos de su generación que vivieron la Gran Depresión, Marty reverenciaba a Franklin D. Roosevelt. Si bien fue un capitalista comprometido, no vacilaba con la idea de que el gobierno desempeña un papel crucial en la sociedad. El concepto de pérdida nunca estuvo lejos de su mente, que probablemente fue uno de los principales contribuyentes a la filosofía de inversión deep value que llegó a ser sinónimo de su nombre.

A principios de la década de 1990, el difunto Gerry Pinkerton me presentó el libro de Marty The Aggressive Conservative Investor. Una bombilla se encendió en mi cabeza cuando Marty resumió la inversión en un profundo análisis fundamental de la empresa, realizado de manera independiente del mercado general y de los datos macroeconómicos. Marty hizo hincapié en que el análisis específico de la compañía debe centrarse en primer lugar y primordialmente en el balance de situación. Además, las consideraciones de conversión de recursos fueron primordiales en el pensamiento de Marty, ya que las fusiones y adquisiciones eran una característica perenne de las actividades corporativas. Por último, aconsejó ser súper consciente de los precios porque el precio pagado es lo que al final dicta los rendimientos. Al final, combinar los atributos de “seguridad” del balance de situación con un precio “barato” fue su salsa secreta. Al leer los prolíficos escritos de Marty, instantáneamente supe que el deep value era mi tipo de inversión: intelectualmente desafiante, cuantificable, eminentemente razonable y tacaño sobre qué precio pagar.

 

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