NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Javier Ruiz, CFA, es un extracto de una carta trimestral de Horos Asset Management.

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Prefiero perder la mitad de mis partícipes, que la mitad del dinero de mis partícipes

Jean Marie Eveillard

Todo inversor value conoce (y teme) la anécdota del legendario inversor Peter Lynch y sus partícipes. Lynch consiguió al frente del fondo Magellan de Fidelity una de las mejores rentabilidades de la historia, con un 29% anualizado durante un periodo de trece años. Sin embargo, la rentabilidad promedio de sus inversores fue, según algunas fuentes, de tan sólo un 7% anualizado. ¿Cómo es posible tamaña diferencia? Muy sencillo. Al igual que los inversores en acciones se dejan condicionar por sus emociones, el partícipe de un fondo adolece, inevitablemente, del mismo problema. Dejarnos llevar por las emociones nos puede forzar a vender y a comprar en el peor momento posible, independientemente de que estemos hablando de acciones o de fondos de inversión. Por eso dedicamos tanto tiempo a la comunicación con nuestros partícipes, explicando nuestras decisiones de inversión con la mayor transparencia posible. Sin ser una garantía de éxito, pensamos que es la mejor manera para que comprenda lo que puede esperar de sus inversiones y de nuestro trabajo.

Por un lado, debemos comprender que el verdadero riesgo de una inversión no es la volatilidad de su precio, sino la posibilidad de sufrir una pérdida permanente de capital. Como hemos comentado hace un momento, el precio de las acciones de las compañías sufren grandes vaivenes en bolsa, en muchas ocasiones injustificados. Sin embargo, lo que a posteriori parece obvio, en el momento de mayor pesimismo nos puede hacer dudar. La explicación la encontramos en la psicología y, en concreto, en lo que se conoce como aversión a la pérdida. Hay estudios que demuestran que el ser humano sufre más de dos veces las pérdidas de una inversión de lo que disfruta con ganancias de igual magnitud. Por tanto, es muy habitual que, en los momentos más difíciles como inversores, después de una mala evolución de la cartera, nuestra mente se centre únicamente en lo negativo, buscando causas para la caída de precio que justifiquen vender toda la posición. Por desgracia, esta forma de actuar es la que nos lleva, precisamente, a consolidar pérdidas permanentes de capital. Si la caída de la cotización no ha sido justificada, uno debe esperar o, incluso, si está dentro de sus posibilidades, incrementar su inversión. Somos conscientes de que esta forma de actuar no es nada sencilla, pero es la más adecuada para garantizar rentabilidades satisfactorias en el largo plazo.

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