NOTA DEL EDITOR: Este texto es obtenido de una carta trimestral a los inversores de Magallanes Value Investors.

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El año 2019 ha estado protagonizado por una serie de factores cuya evolución ha aportado grandes dosis de incertidumbre a los mercados. La guerra comercial entre EE.UU. y China, elecciones en Reino Unido, inestabilidad geopolítica, la formación de nuevos gobiernos de corte populista en el sur de Europa, tensión cuasi bélica en Irán y ataques terroristas contra instalaciones petrolíferas en Arabia Saudí. Todo lo anterior aderezado además con las múltiples cumbres en torno al “reto del cambio climático”, a lo que habría que sumar, durante las primeras semanas de 2020, el reciente brote de coronavirus procedente de China.

Por otro lado, 2019 también ha sido testigo de uno de los mejores años que se recuerdan en términos de rentabilidad para la práctica totalidad de activos financieros. Concretamente, las bolsas mundiales han cerrado uno de sus mejores años de la última década. El índice S&P 500 ha subido un +28,9% en USD y el índice STOXX Europe 600 ha registrado una subida del +23,2% en 2019. Incluso el Ibex-35 consigue subir cerca del +12% pese a las perspectivas inciertas que se ciernen sobre la formación del nuevo gobierno. En realidad, este factor es la causa principal que hace que dicho índice goce del dudoso mérito de ser el farolillo rojo entre las extraordinarias rentabilidades de sus homólogos europeos (Italia +28%, Francia +26% y Alemania +25%).

Es lógico quedarse perplejo cuando se leen de seguido los dos párrafos anteriores, resulta cuanto menos contraintuitivo: “un mundo en constante amenaza junto con un mercado muy alegre, ajeno a los peligros del mundo que nos toca vivir”.

Esto es un ejemplo excelente de la cantidad de “ruido mediático” al que estamos sometidos constantemente. De hecho, si uno se lo propone, siempre encontrará algo de lo que preocuparse, los medios de comunicación hacen su función. Sin embargo, una parte importante de este ruido no tiene un efecto real y profundo como para cambiar las tendencias estructurales de muy largo plazo. Tendencias que explican lo que realmente importa a la hora de valorar los fundamentales de las empresas donde invertimos.

En línea con lo anterior, la percepción sobre algo representa lo que uno cree que es la realidad, y que curiosamente rara vez coincide con los hechos. La percepción está muy influenciada por el miedo extremo del ser humano a eventos negativos y catastróficos, al temor a la pérdida, lo cual lleva consigo la toma de decisiones orientadas a mitigar dicha angustia: “si percibo que el gobierno de mi país llevará la economía a una peor situación de la que se lo encontró, entonces vendo acciones de bolsa española”. En inversiones, las percepciones son las que dictan el movimiento de los activos en el corto plazo, para que los hechos, una vez disipado el ruido, tomen el testigo a largo plazo.

El caso de nuestro fondo Ibérico, que invierte como saben mayoritariamente en bolsa española, representa muy bien lo comentado anteriormente. El giro político en el gobierno de España ha sido recogido con escepticismo por el mercado, y nuestro fondo no ha sido inmune a ello. Pero un análisis pormenorizado de nuestra cartera revela un dato interesante: alrededor del 75% del negocio de nuestras compañías, en promedio, proviene de fuera de España. Otra vez más, estamos ante un “desajuste” entre percepciones y hechos.

Los párrafos que vienen a continuación explican en mayor detalle los acontecimientos macroeconómicos, geoestratégicos y de política monetaria más significativos del año.

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