NOTA DEL EDITOR: Este texto es obtenido de una carta mensual de NAO Sustainable Asset Management.

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Mucho más allá de lo que ve el usuario de un dispositivo electrónico en forma de aplicaciones, menús, funcionalidades y transiciones (la parte más “front” del software), está el hardware, el compendio de chips con sus respectivos circuitos integrados que mediante la canalización de impulsos eléctricos da vida a lo que vemos e interactuamos a través de la pantalla: el software. Cuando hablamos de tecnología en la vida cotidiana, siempre se habla de la parte “bonita”, mientras que las cuestiones de hardware a menudo quedan reservadas a conversaciones de expertos en tecnología y algún que otro apasionado de la materia. Pero la realidad, es que el hardware es el cuerpo en el que se apoya la manifestación de la tecnología que todos conocemos, y que, si este “cuerpo” no es lo suficientemente potente, no podremos esperar grandes innovaciones en el manejo y utilidad de los dispositivos, ni tampoco una respuesta satisfactoria en todo lo que atañe al software (sistema operativo, capa de personalización, las mismas apps…). Cada una de las dos partes es tan crucial como la otra.

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