NOTA DEL EDITOR: El siguiente artículo es escrito por Andrew Macken, cofounder y CIO de Montaka Global Investments.

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Cuando Leonardo da Vinci estaba esbozando el diseño de uno de los primeros paracaídas en el año 1483, sin duda entendió las consecuencias de que tal dispositivo fallara. A Leonardo no le habría llevado mucho tiempo darse cuenta de que dos serían mejor que uno. Hoy en día, los paracaidistas casi siempre saltan con un paracaídas principal y uno de reserva. La teoría es la siguiente: si un paracaídas tiene, digamos, una probabilidad del 1% de fallar; luego, llevando dos, la probabilidad de fracaso se reduce al 0,01%, 100 veces menos. Somos aún más conservadores. Si alguna vez nos encontráramos saltando de un avión, no estaríamos satisfechos con dos paracaídas: querríamos tres.

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