NOTA DEL EDITOR: Este texto es obtenido de una carta trimestral a los inversores de Magallanes Value Investors.

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Si la historia sirve de algo, el caso del legendario inversor Thomas Rowe Price guarda bastantes similitudes con la situación actual de mercado. Al señor Price se le atribuye el término growth stock, no en vano fue el primero de su época en lanzar un fondo dedicado a empresas de crecimiento, pionero de la inversión en compañías emblemáticas como Black and Decker, 3M, IBM, Pfizer o DuPont, durante los años 30 y 40 del siglo pasado.

Fiel defensor de la inversión en esa clase de empresas, basándose en un horizonte temporal de muy largo plazo, consideraba clave invertir en las mejores empresas dentro de industrias en fase de fuerte crecimiento.

En 1965, el señor Price llevaba ya más de treinta años invirtiendo de forma exitosa en empresas de crecimiento (tanto tiempo, que a estas empresas se les conocía popularmente como “valores T. Rowe Price”). No obstante, comenzó a observar que gran parte de estos valores, siendo buenos negocios per se, empezaban a mostrar signos de sobrecalentamiento, hasta tal punto que comenzó a recomendar “alejarse” de ellos. Su razonamiento: las cotizaciones habían ido mucho más allá de los fundamentales, llegando a cotizar sus acciones a múltiplos superiores a las 40 o 50 veces beneficios.

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