NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Javier Ruiz, CFA, es un extracto de una carta trimestral de Horos Asset Management.

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Muchas de las mayores gangas que aparecen en cada momento, las podemos encontrar en las situaciones que otros inversores no pueden o no quieren tocar

Howard Marks

Uno de los mantras de los inversores value es tratar la volatilidad del mercado como un aliado y no como un enemigo temible del que huir cada vez que haga acto de presencia. Para poder actuar así, es esencial no olvidarnos de que las acciones son títulos de propiedad de los negocios cotizados y, la evolución de su precio en el largo plazo, estará siempre ligada a la marcha de ese negocio.El valor del negocio actúa, por tanto, como la implacable gravedad que devuelve una pelota al suelo después de ser lanzada al aire por un niño en el patio del colegio. Sin embargo, en el corto plazo, el sentimiento de los inversores puede causar grandes desviaciones entre el valor del negocio y el precio de las acciones de este. En ocasiones, la gravedad actúa rápidamente corrigiendo esta anomalía, pero, en otras, la pelota puede mantenerse en el aire más tiempo de lo habitual si, por ejemplo, otros niños la golpean sin dejarla caer al suelo. Eventualmente su destino será el mismo, pero no controlamos el momento en el que será así.

Lo que sí controlamos es el poder aprovecharnos de estas ineficiencias temporales.Para ello, necesitamos hacer una estimación del valor de las compañías en las que invertimos (o pensamos invertir, si el precio se torna suficientemente atractivo) y utilizar la volatilidad del precio en nuestro beneficio. Si, por ejemplo, el precio de la acción de una compañía cae muy por debajo de nuestra estimación de valor, incrementaremos nuestra inversión en la misma. Si, por el contrario, la compañía goza del beneplácito de la comunidad inversora y su cotización se incrementa hasta acercarse o superar nuestra estimación de su valor, entonces reduciremos o venderemos nuestra posición. Obviamente, cuanta mayor sea la volatilidad, más oportunidades surgirán y mayor rentabilidad obtendremos de este proceso. Por eso , nuestras carteras pueden reflejar una elevada rotación, pese a que el número y los nombres de las compañías que las componen se mantenga muy estable en el tiempo.

A continuación, vamos a mostrarles dos ejemplos de inversiones, presentes aún en nuestras carteras, en los que la volatilidad ha sido especialmente importante y cómo hemos actuado (o estamos actuando) para intentar aprovecharnos de ello. El primer caso corresponde a nuestra inversión en Qiwi [QIWI], la compañía rusa dedicada, entre otros, a los medios de pagos electrónicos y transferencias de dinero. Esta entidad ha visto cómo, en el transcurso de los últimos doce meses, el precio de su acción ha oscilado entre los 11 dólares y los casi 21 dólares. En concreto, su precio corrigió casi un 40% desde el máximo de 2018, para luego apreciarse un 80% desde mínimos. ¿De verdad ha cambiado tanto su negocio en el periodo? ¿O es el sentimiento inversor de corto plazo el que causó estos (enormes) vaivenes?

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