Recientemente entrevistamos a Carlos Bellas Sánchez, quien estuvo con Metagestión como responsable de desarrollo de negocios y con Horos Asset Management como responsable de relación con inversores. Carlos es un value particular, además de coautor del libro El Pequeño Gran Libro del Value Investing.

En esta entrevista, Carlos nos platica su estilo de value investing, así como las cosas más destacadas que ha aprendido en su camino como inversor.

MOI Global en Español: Cuéntanos acerca de tu formación y tu trayectoria.

Carlos Bellas Sánchez: Explicar cómo conocí el value investing es difícil pues siempre he estado siguiendo la Bolsa. Desde niño me ha gustado el mundo de la empresa y la inversión. Cuando aprendí a leer solía coger el periódico para leer los deportes y la sección económica según el día de la semana que fuera. Evidentemente no entendía prácticamente nada, pero ya seguía qué hacía la Bolsa y las empresas cotizadas. Mi pasión por el mundo empresarial me llevó a estudiar Administración y Dirección de Empresas, a emprender, a examinarme y superar el primer nivel del CFA y a publicar junto con Vladyslav Marcos El Pequeño Gran Libro del Value Investing.

Aunque siempre he seguido el mundo de la inversión, lo que me llevó a profundizar en el value investing fue comenzar a invertir con dinero real. En 2008 me fui de Erasmus (programa becado de intercambio de estudiantes en Europa). Curiosamente, parte de la beca la pagan a la finalización del programa, por lo que cuando me hicieron el último pago, en el verano de 2009, me encontré con un dinero que no me hacía falta, pues ya había regresado y además iba a empezar a trabajar.

Obviamente, lo razonable parece formarse antes de empezar a invertir, pero mi proceso fue el contrario. Sabía que la mejor forma para obligarme a aprender sobre inversión de verdad era jugarme el dinero. Como es lógico, era dinero que no necesitaba, pero lo cierto es que funcionó. Y no es que funcionara porque ganara dinero con esta inversión, sino porque, efectivamente, comencé a leer los informes anuales de la empresa, a tratar de entender sus cuentas, etc. En este proceso confirmé lo que ya sospechaba, y es que no sabía prácticamente nada, ni siquiera era capaz de entender algunos de los términos que utilizaban en los informes. Esto me llevó a investigar por internet y encontrarme con webs, foros y blogs que me sirvieron de introducción. Tras esto, el paso natural fue conocer a los grandes inversores value, leer sus cartas y libros y, finalmente, estudiar y hacer cursos sobre análisis y value investing.

Pero el camino no se acabó. Me quedaba un paso bastante claro, y era trabajar en el sector que me gustaba. En noviembre de 2015 entré en Metagestión como responsable de desarrollo de negocio. En ese momento, Metagestión sólo tenía 6 empleados (3 gestores, 2 personas de administración y yo). Gracias a esto, tuve la suerte de estar presente en prácticamente todo y aprender a gran velocidad sobre muchos aspectos, tanto del análisis y la gestión, como del funcionamiento de una gestora. Posteriormente me incorporé a Horos Asset Management para la puesta en marcha y lanzamiento de la gestora, donde también éramos un equipo muy pequeño.

MOI: ¿Cuál es tu criterio de inversión? ¿Cómo ha ido evolucionando con el tiempo?

Bellas Sánchez: Mi criterio ha ido evolucionando, en gran parte, según lo que creía que sabía de la inversión. En un primer momento era consciente de que sabía poco, pero aun así pensaba que sería capaz de ganar mucho dinero. Con el paso del tiempo llegué a pensar que sabía mucho, y seguía convencido de que podía conseguir una gran cantidad de dinero. En la fase en la que estoy ahora soy consciente de que sabía y sé mucho menos de lo que creía, y que ganar de forma sostenible no es nada fácil.

En la práctica, esto se traduce en que he pasado de tener una cartera de acciones elegidas totamente por mi, a una cartera en la que los fondos de inversión value tienen una gran presencia, y las acciones un peso inferior. No obstante, la selección de valores es algo que siempre me ha interesado, por lo que creo que las acciones siempre seguirán presentes en mi cartera.

En cuanto al criterio de inversión que sigo se basa en gran parte en lo que he aprendido con el equipo de Horos estos años, en los que se incluye la fuerte importancia de los valores cualitativos y la forma de valoración por múltiplos.

MOI: ¿Cómo generas ideas de inversión?

Bellas Sánchez: En el mundo hiperconectado que vivimos una de las cosas más difíciles no es tanto generar ideas, sino filtrarlas y encontrar fuentes razonables. Como decía, a día de hoy mis inversiones se dividen entre acciones y fondos. Por tanto, una de las fuentes de ideas más clara son los propios fondos. Por lo general, cuando alguna posición de un fondo me gusta especialmente, la analizo para intentar entederla. Si sigo pensando que es una opción atractiva, y quiero que tenga un peso superior en mi cartera, invierto en ella. Un ejemplo de esto es Keck Seng Investments [HKG: 0184], de la cuál soy accionista a través de Horos, pero que también tengo en mi propia cartera ya que creo que está tremendamente infravalorada.

Además, hay otras muchísimas formas de generar ideas. Ya es posible leer en español análisis hechos por inversores particulares y en ocasiones profesionales con mucha calidad. Para quien habla inglés la cantidad de posibilidades crece de forma exponencial.

A esto hay que sumar las ideas que se generan durante el propio proceso de análisis de empresas competidoras, proveedores, etc.

Por supuesto hay otras formas. Por suerte, muchos grandes inversores nos han explicado los sistemas que usan ellos. Seguramente el ejemplo más claro sea Peter Lynch y sus enseñanzas sobre observar el entorno, de las cuales me he aprovechado. Durante mucho tiempo Primark (Associated British Foods [ABF]) fue mi primera posición en cartera. Tuve la suerte de descubrir esta empresa en el año 2010 cuando vivía en Londres. Estando allí visité su tienda en Oxford Street. No hay palabras para describir lo que vi. Nunca había visto una tienda con tanta gente, con colas para pagar tan largas y, sobre todo, con un ritmo cobrando a los clientes tan rápido. En cuestión de 10 segundos pagaban 2 o 3 personas. Esto me llevó a analizar la empresa y, finalmente, incorporarla a mi cartera.

En conclusión, hace años la búsqueda de ideas podía ser más dificil, pero creo que a día de hoy, con tanta información como hay disponible, y lo accesible que es, lo difícil es saber elegir cuáles son las fuentes buenas y cuáles no.

MOI: ¿Qué tanta importancia le dan al management? ¿Cómo valoran al management? ¿Algún CEO que admires personalmente?

Bellas Sánchez: Le doy mucha importancia. Durante la época en la que trabajé en Metagestión nos encontramos con algún equipo directivo cuyo principal interés eran ellos mismos en lugar de sus accionistas. Lamentablemente, cuando esto sucede, el riesgo de perder dinero crece de forma muy significativa. Todos conocemos la frase de Buffett sobre que el tiempo es amigo de los buenos negocios. Yo creo que también lo es de los buenos equipos. Y lo mismo sucede al revés. El tiempo es enemigo de los malos negocios y de los malos equipos. Por este motivo, por muy barata que esté una empresa, si tengo sospechas del equipo directivo, prefiero quedarme fuera.

¿Cómo valorar al management? Cada caso es diferente. Algo en lo que creo que todos estamos de acuerdo que es importante es que tengan skin in the game. En otras palabras, que se jueguen su dinero junto con los accionistas y que estemos todos en el mismo barco. En el caso que comentaba de Metagestión, uno de los equipos de los que hablaba en el párrafo anterior, tenía unos incentivos que eran totalmente contrarios al de los inversores. De hecho, estaban claramente incentivados económicamente a ampliar el tamaño de la empresa, a costa de destruir valor para el accionista. Inevitablemente, el resultado terminó siendo que las decisiones que tomaban eran, en última instancia, negativas para los accionistas. De esta forma, el valor de la compañía cayó y, con él, su cotización en Bolsa.

Al final, casi todo se resume en la asignación del capital que hagan los directivos. Lamentablemente, el número de empresas que gestionan el capital correctamente es reducido. No es raro ver empresas que no recompran acciones cuando están baratas, y que, por el contrario, hacen grandes programas de recompra cuando están caras. Lo mismo sucede con los dividendos, y es habitual encontrarse compañías empeñadas en mantener, e incluso aumentar su dividendo, a pesar de que, en ese momento, su dinero estaría mejor invertido en otro sitio. Por supuesto, también se puede ver en el crecimiento orgánico e inorgánico, con ampliaciones de capacidad de producción en los peores momentos o con compras con poco sentido.

En cuanto a los CEOs que admiro, en España tenemos ejemplos clásicos. De ellos me gustaría destacar a uno que he tenido la suerte de conocer en persona, como es Tino Fernández de Altia [BME: ALC]. A nivel internacional, Sergio Marchionne* me parece realmente bueno. Además, en este caso, nos encontramos con que se cumplen dos factores clave en el caso de Ferrari [RACE], un negocio excelente, y un management sobresaliente.

MOI: ¿Hablas con el management de la empresa?

Bellas Sánchez: Como inversor particular es difícil hablar con el management, salvo que se trate de una empresa pequeña. Cuando era miembro de una gestora de fondos sí que he tenido la oportunidad de reunirme en muchas ocasiones con los directivos, y creo que es una parte importante del trabajo de análisis.

En estos años en los que he podido reunirme con directivos me ha sorprendido que, en algunos casos, no son conscientes de la importancia de sus decisiones en lo que a la gestión de capital se refiere. Una de las cuestiones es lo que comentábamos en el punto anterior. Aunque en España todos conocemos empresas cuya gestión de capital deja mucho que desear, me ha sorprendido escuchar de primera mano razonamientos como que hay que pagar dividendos para sostener la cotización de la acción. Aunque, por suerte, también hay directivos magníficos y equipos que destilan sentido común.

En cuanto a si es bueno o no hablar con el management, yo creo que si se tiene la posibilidad de hablar con ellos hay que aprovecharla. Evidentemente te pueden engañar, y algunos lo intentarán, pero probablemente sea más difícil hacerlo mediante preguntas en persona que si nos comunicamos con ellos por otros medios o, simplemente, no lo hacemos. De hecho, hay muchos directivos que están acostumbrados a responder lo que creen que los inversores quieren oir. Sin embargo, a los value nos suelen gustar cosas diferentes a la mayoría. Sin ir más lejos, el directivo cuya empresa pagaba dividendos para que la acción se sostuviera, lo explicaba como algo positivo, cuando en realidad era algo negativo. Por tanto, aunque en ocasiones el management trate de confudirnos y prometer cosas que parecen muy positivas, precisamente descubirlo es una de las ventajas de poder reunirse con ellos.

Además de todo esto, hay más ventajas, pues, entre otras cosas, reunirse con ellos permite plantear cuestiones como la pregunta clásica de Philip Fisher, sobre los competidores que más admiran, que es otra gran fuente de ideas de inversión.

MOI:  ¿Cómo encuentras el equilibrio en su cartera entre la concentración en sus mejores ideas y la diversificación necesaria para controlar el riesgo de caídas?

Bellas Sánchez: Yo creo que la concentración se debe basar en el sentido común. Por muy convencido que se esté, no tiene sentido que alguien, salvo que sea muy joven y esté empezando, tenga el 25% de su cartera en una única posición. Por muy seguros que nos sintamos siempre existe el riesgo de haber pasado algo por alto, de cometer un error, de que las cosas cambien, o cualquier otro imprevisto. Igualmente, también es una temeridad tener 30 acciones en cartera sin tener la capacidad real de conocerlas a todas en profundidad. Para un inversor particular que cuente con un trabajo a tiempo completo, y que sólo disponga de unas pocas horas para el análisis y la inversión, es difícil conocer un número elevado de empresas, y creo que no tiene sentido tener una cartera muy extensa.

Por tanto, lo que hago es algo que hemos hablado un poco antes, combino la inversión en fondos con algunas ideas que he encontrado por mi mismo o que he sacado de estos mismos fondos. De esta forma, mi cartera está razonablemente concentrada en productos de mucha calidad, a la vez que tengo la tranquilidad de que hay un grupo de profesionales gestionando estos fondos que dedican toda su jornada laboral, y posiblemente más, a analizar y decidir por mi. A la vez, tengo la posibilidad de conocer razonablemente bien un número pequeño de empresas que incorporo a mi cartera cuando su potencial es atractivo.

MOI:  Cuéntanos sobre uno (o un par) de tus mayores errores de inversión. ¿Alguna empresa que te hayas arrepentido de no haber comprado?

Bellas Sánchez: Curiosamente, una de las acciones que mayor rentabilidad me ha dado es mi mayor error de inversión. Se trata de Gowex. De hecho, esta inversión es un ejemplo claro de la diferencia que hay entre el resultado de una decisión y lo correcto o equivocado de ésta. En otras palabras, la diferencia entre ganar o perder dinero, y seguir un proceso correcto o incorrecto.

Si gané dinero, a pesar de que fue un error de inversión, se debe a que, desde el momento en el que compré hasta el momento en el que se descubrió el fraude, la acción había subido tanto, que yo ya había hecho una primera venta, pensando que el precio se estaba acercando al supuesto valor que yo consideraba. Además, tuve la suerte de que desde que salió el informe de Gotham Cyty Research destapando el fraude hasta que las acciones dejaron de cotizar, pasó el tiempo suficiente para que pudiera revisar algunos datos que me empujó a que, en el último día de cotización, vendiese la mayor parte de las acciones que me quedaban, a un precio muy superior al que había pagado. Es decir, aunque gané dinero, si el fraude se hubiese descubierto justo el día después de mi compra, habría perdido todo. Por tanto, creo que es mi mayor error de inversión, pues hasta el momento es la única vez que he invertido en una empresa cuyo valor real era cero.

Hay varias cosas en las que creo que me equivoqué. Una de las principales es invertir en una empresa cuyo negocio no entendía. En el momento de invertir me centré especialmente en los números, que me hacían pensar que la empresa estaba tremendamente barata. Sin embargo, me era difícil explicar a qué se dedicaba y cómo ganaba dinero.

La siguiente fase de este mismo error fue que, en un momento dado, llegué a pensar que sí que entendía lo que hacía la empresa. He reflexionado sobre esto, y creo que hay varios motivos. Uno de los principales es que las acciones subían con fuerza un día sí y otro también, por lo que nunca tuve que replantearme que, quizá, me estaba equivocando. Es posible que, si tras comprar, y sin que se descubriese el fraude, si las acciones hubiesen caído un 40%, me habría visto obligado a revisar mi tesis por si estuviera equivocado. Sin embargo, la situación fue la contraria. Cada día las acciones subían más, por lo que, cuando analizaba el negocio, en lugar de pensar que el mercado no estaba entendiéndolo, pensaba que era yo el que no era capaz de comprenderlo. Por tanto, en vez de pensar que quizá no había ningún negocio, creía que debía esforzarme para ser capaz de encontrarlo. De hecho, con el paso del tiempo, llegué a convencerme totalmente de que conocía a la empresa, y de que sabía cómo ganaba dinero y cómo podía ganar todavía más en el futuro.

Evidentemente cometí muchos más errores con Gowex, pero éste fue uno de los principales. Estoy seguro de que cometeré más erores en el futuro, pero ahora presto mucha atención al negocio y, lo que es más importante, soy mucho más sincero conmigo mismo y con lo que soy capaz de entender y lo que no.

En cuanto a los errores de omisión tengo bastantes, y de diferente tipo. Desde compañías en las que no llegué a invertir como empresas a las que no les di el peso suficiente.

Entre los errores por omisión se encuentra la casa de apuestas Betfair. Betfair cuenta con un negocio que creo que es prácticamente irreplicable, y es el Betting Exchange. La gran mayoría de casas de apuestas tienen lo que se conoce como Sportsbook. Se trata del sistema clásico de apuestas en el que se juega contra la casa, que es la que determina una cuota para cada una de las apuestas. Betfair, por su parte, tiene la modalidad de Sportsbook, pero también tiene Betting Exchange. En el caso del Betting Exchange, son los usuarios los que apuestan entre ellos, estableciendo de esta forma las cuotas y las apuestas disponibles. Se podría decir que el Exchange es algo así como la Bolsa aplicada a las apuestas.

Ninguna de las grandes casas de apuestas tiene un sistema de Exchange, por lo que prácticamente todas las personas que apuestan utilizando este sistema, lo hacen en Betfair. Posiblemente uno de los motivos por el que el resto de empresas del sector no implementa el sistema de Exchange es que Betfair tiene una ventaja basada en el efecto red muy grande. Cuantas más personas apuestan en el Exchange, hay más opciones para todos, y las cuotas se ajustan más. Si algún competidor creara un nuevo Exchange, los usuarios no tendrían ningún motivo para utilizarlo, pues el número de opciones y las cuotas siempre serían peores.

Por poner un ejemplo del funcionamiento, en la modalidad de Sportsbook, en un partido de fútbol se puede apostar a 1×2 y la cuota para cada opción la elige la casa. Es decir, se puede apostar a que gana un equipo, a que empatan, o a que gana el otro equipo. En Exchange, además de esto, existe la opción de “ponerse corto” es decir, no sólo se puede apostar a que un equipo gana, sino que se puede apostar también a que un equipo pierde. Igualmente, las cuotas de cada apuesta las determina el mercado y no la casa. Esto duplica el número de posibilidades y ha hecho que incluso hayan aparecido usuarios con un perfil similares a los de la bolsa, como traders,  personas que apuestan como un hedge fund al alza y a la baja, e incluso personas que hacen arbitraje.

Por tanto, y siguiendo con el efecto red, es bueno para todos los usuarios que cada vez más personas apuesten con el Exchange de Betfair, y para quienes buscan un Exchange, la mejor opción, sin lugar a dudas, es la de Betfair. A más usuarios mejores cuotas y más opciones. Además, en la modalidad de Exchange la casa no cuenta con el riesgo habitual de este tipo de negocios, y mucho menos de que se dé un cisne negro. Es decir, aunque se produzca un evento altamente improbable, como que el Leicester City gane la Premier League, Betfair no tendría problemas dentro de la modalidad de Exchange, pues simplemente hace de intermedario y no corre riesgos.

A pesar de contar con un modelo de negocio único, con la correspondiente rentabilidad de la empresa, y con un elevado margen de seguridad según mi valoración, no invertí en ella por el riesgo regulatorio. Es cierto que la cuestión regulatoria era un riesgo importante, pero también es cierto que podría haber ajustado la valoración, o haber limitado el peso de esta empresa en mi cartera con base a este riesgo.  Sin embargo, no hice nada de esto, y nunca llegué a comprar acciones. No mucho después fue opada por Paddy Power a un precio muy superior, y la nueva Paddy Power Betfair [PPB] ha seguido escalando en Bolsa hasta precios tremendamente altos superando los de mi valoración.

MOI: ¿A cuáles de los grandes inversores admiras más y por qué?

Bellas Sánchez: Precisamente, como explicaba al comienzo de la entrevista, hace unos años co-publiqué El pequeño gran libro del value investing en el que explicabamos las mejores ideas de algunos de los mejores inversores de la historia. Los inversores que destacamos eran Bejamin Graham, Philip Fisher, Warren Buffett, Peter Lynch, Joel Greenblatt, Ken Fisher y Francisco García Paramés. No obstante, a lo largo del libro mencionamos a otros muchos inversores que, obviamente, también admiro como Seth Klarman, Charlie Munger, Mohnish Pabrai, Guy Spier, Philip Carret o Irving Kahn, entre otros muchos. Como dice Munger, toda inversión inteligente es value investing y, por tanto, cualquier inversor que gestione basándose en el sentido común, más allá de como se defina, es digno de admirar.

En el mundo hispano, y especialmente en España en los últimos años, el nivel de los gestores value cada vez es mayor, y en algunos casos creo que están entre los mejores del mundo. Aquí seguro que también coincido con el resto de la comunidad value en cuanto a los referentes. Los principales para mi, además de los ya mencionados, son Álvaro Guzmán y Fernardo Bernard, Iván Martín, el equipo de True Value, etc. Además, la cantera es realmente buena y estoy seguro que en los próximos años muchos más se convertirán en grandes inversores.

Por supuesto, en este grupo tengo que mencionar al equipo de Horos y, especialmente, a Javier Ruiz. He tenido la suerte de trabajar con ellos estos años y de ver de primera mano la gran labor que hacen. Antes de conocerlos en persona los admiraba profundamente, y tras haber trabajado con ellos mi admiración no ha hecho más que crecer.

MOI: Menciona un par de libros que hayas leído recientemente y que te hayan otorgado nuevos conocimientos para mejorar como inversor.

Bellas Sánchez: En esta pregunta no querría caer en las clásicas respuestas, como he hecho en la anterior. Más allá de los libros que todos los que estamos muy metidos en el mundo del value investing conocemos y comentamos entre nosotros, hay otros libros que me han marcado mucho.

Un ejemplo es El Arte Y La Ciencia De No Hacer Nada, de Andrew J. Smart. Aunque tiene ciertas ideas que seguramente no agraden a muchas personas del ámbito de la inversión, pues critica bastante el capitalismo, tiene otras muchas que creo que son realmente interesantes.

Nos encontramos en una época en la que siempre tenemos la cabeza ocupada, y los momento de relax los llenamos con cosas que no aportan mucho. Además, cada vez tratamos de hacer más y más cosas al mismo tiempo. Aunque esto último es algo positivo en muchas ocasiones, creo que es importante guardar un tiempo para, simplemente, no hacer nada.

El value investing siempre tiene una parte de contrarian, y creo que este libro también lo tiene con respecto a las ideas generalmente aceptadas de hoy en día. Muchos de los libros sobre grandes empresarios o directivos se centran en la parte sobre lo que hay que hacer, y cómo hacer cada vez más. Por poner un ejemplo, cada vez se habla más de los morning rituals que, por lo general, implican siempre levantarse temprano y ponerse a hacer cosas desde que se pone el primer pie en el suelo. En muchos casos, estos rituales implican realizar tareas diferentes a la vez. Por ejemplo, hacer ejercicio mientras preparamos el desayuno escuchando a la vez un podcast. Tras esto, para quienes utilizan el transporte público o van andando al trabajo recomiendan aprovechar el camino para aprender idiomas con el móvil. Y así continuamos con el día repleto de tareas hasta la hora de acostarse.

Sin embargo, a mi siempre me ha sucedido algo que creo que comparto con muchas personas, y es que las mejores ideas me llegan en sitios como la cama. Sitios en los que no estoy haciendo nada, en los que simplemente dejo a la mente vagar. ¿Quién no se ha dado cuenta en la cama de que se había dejado algo importante sin hacer en el trabajo, o se ha acordado de que no ha felicitado un cumpleaños? Parece una tontería, pero es bastante significativo.

En mi caso, las mejores ideas para el libro que escribí, o para los negocios que he tenido, han venido en ese momento. Y lo mismo puedo decir de la inversión. En los momentos de descanso es cuando mi cabeza ha conseguido hacer relaciones que no había hecho cuando estaba en activo, y me ha servido para pensar en nuevas ideas de inversión, para descubrir errores que había cometido, y para empezar a comprender los errores que había cometido y aprender de ellos.

La intuición siempre me había dicho que era importante guardar un tiempo para no hacer nada. Siempre he ido al trabajo en transporte público o andando, y en lugar de leer el periódico o un libro, escuchar música, twittear, whatsappear, hablar por teléfono, ver una serie o jugar con el móvil, me he dedicado a observar y a dejar a la mente divagar. Igualmente, trato de dedicar unos minutos en casa a, simplemente, no hacer nada. No hablo de meditar, que es posible que también sea útil, hablo de no hacer nada, de desconectar por unos minutos y dejar a la cabeza hacer su trabajo.

No se trata de ser un vago y de no hacer nada todo el tiempo. Se trata de trabajar duro durante mucho tiempo. Incluso creo que es bueno aprovechar el multitasking cuando es útil. La cuestión es dedicar también algo de tiempo a, simplemente, desconectar y dejar a la mente divagar.

Precisamente, basándose en la neurociencia, este libro explica los procesos y actividad de nuestra mente cuando no hacemos nada. Sorpendentemente, la actividad mental tras un tiempo ocioso (enteniendo ocioso como un periodo sin actividad ni grandes estímulos) se dispara en ciertas áreas del cerebro. Es entonces cuando se producen los momentos “Ajá” según explica el autor, aunque seguramente sea mejor llamarlos momentos  “Eureka” pues precisamente el momento Eureka de Arquímedes en su bañera es un ejemplo perfecto para entenderlo.

Si miramos a los grandes inversores veremos que ya han hablado de esto en muchas ocasiones y, sin embargo, no se aplica. Warren Buffett ha contado en numerosas ocasiones que dedica gran parte de su tiempo, simplemente, a pensar. Mohnish Pabrai no se queda lejos. De hecho, una de las historias más conocidas de Mohnish Pabrai es la de la cama que tiene en su oficina para las siestas.

Vivimos en un mundo con estímulos constantes, en los que prácticamente nadie se toma tiempo para pensar. Por este motivo, parar un tiempo a no hacer nada y, simplemente, dejar a la mente hacer su trabajo, supone un gran ventaja con respecto a la mayoría. Este libro explica, basándose en estudios científicos, por qué es así.

MOI:  ¿Algo más que quisieras agregar para nuestros miembros?

Bellas Sánchez: Los lectores de The Manual of Ideas tienen un nivel tan alto que es difícil poder decir mucho más. Como conclusión, yo me quedaría con lo útil que es el value investing en todos los ámbitos de la vida. No sólo en la inversión, sino para casi cualquier decisión podemos utilizar un enfoque basado en el valor. Es cierto que en las acciones se ve muy claro, pero también podemos aplicarlo en el día a día. Por ejemplo, en cómo utilizamos el tiempo. ¿Tiene sentido perder horas discutiendo con un desconocido en Twitter? ¿Cuál es el valor de tu tiempo para perderlo en una discusión infructuosa? Muchísimas personas actúan de forma casi automática constantemente y no se plantean cuestiones como ésta. Ese mismo tiempo que pierdes discutiendo con un desconocido puedes utilizarlo para estar con tu familia, para leer, para trabajar o para no hacer nada. La capacidad de saber valorar, no sólo empresas, sino decisiones y situaciones, es una ventaja tremenda que tenemos los value y que debemos aprovechar.

También creo que un aspecto muy útil del value investing es la capacidad de actuar de forma independiente, y en ocasiones, contraria a la mayoría. Todos somos conscientes que si en bolsa hacemos lo que hace la mayoría, el resultado será mediocre. Y lo mismo sucede en la vida. Si no queremos vivir una vida estándar no podemos seguir el camino marcado, y creo que el value da una base muy poderosa para conseguirlo.

MOI: Muchas gracias Carlos, por compartir tu sabiduría y experiencia con nuestros miembros.

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* Esta entrevista fue realizada antes del anuncio de la salida de Sergio Marchionne de la dirección de FIAT Chrysler Automobiles, anunciada el 21 de julio de 2018.

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