Tuvimos el honor de entrevistar a Flavio Muñoz, presidente de Andromeda Value Capital y miembro de MOI GLOBAL. Flavio es un apasionado del mundo de la empresa desde niño; además, comparte sus conocimientos sobre inversiones y cómo esto lo ha llevado a enfocarse fuertemente en empresas tecnológicas y de media.

 

MOI Global en Español: Cuéntanos acerca de tu formación y tu trayectoria.

Flavio Muñoz: A diferencia de otra gente que ya estaba comprando acciones a edades muy tempranas y tenía muy claras sus ideas, mi llegada al mundo del Value Investing fue, tal vez, por mera aleatoriedad.

Desde que era muy joven siempre me atrajo bastante el mundo de la empresa, el crear algo, bien fuese un producto o servicio y hacerlo crecer. Sobre todo, la parte de hacerlo crecer con éxito. Así que era bastante común que leyese libros de empresarios o empresas. Me resultaban más amenos que las novelas y supongo que en cierto modo despertaban mucho más mi imaginación.

De forma que, durante mi carrera de derecho y empresariales, solía acudir a la misma sección de una librería en el centro de Madrid para ir leyendo los libros que había al respecto. De mantener la misma costumbre era simplemente una cuestión de tiempo el que diese con El Inversor Inteligente de Benjamin Graham, ya que se encontraba justo allí a la venta. Cosa que acabó ocurriendo en mi segundo año de carrera.

Antes de él ya había leído bastante sobre cracks bursátiles, sobre todo porque era la época de la crisis subprime y parecía ser un tema recurrente. Lo encontraba interesante como añadido a los libros de empresa, y la verdad, tampoco me quedaban ya muchos libros de los primeros que leer en la sección.

Cuando me sumergí por primera vez en El inversor inteligente apenas sabía quién era la persona en la nota de referencia, ese tal Warren Buffett… Pero el libro me enganchó y tan pronto como lo acabé recuerdo que fui corriendo a comprar Security Analysis. Prácticamente estudié aquel segundo libro, me parecía la combinación perfecta entre entender empresas y observar sus evoluciones a largo del tiempo. Además, la época en que se escribió era justo la de titanes como Rockefeller, Andrew Carnegie, J.P. Morgan o Howard Hughes los cuales ya había leído sus biografías. Releí hasta tres veces la obra de Graham.

A partir de ese punto me empecé a sesgar más hacia la inversión. Aunque desconocía que hubiese ya algo globalmente un poco más consolidado respecto a lo que era el mundo del Value Investing.

Tras encontrarme con estos dos clásicos seguí leyendo libros de bolsa hasta que di con Acciones ordinarias y beneficios extraordinarios de Philip Fisher. Fue ahí donde decidí que debía dedicarme a este mundo.

Es cierto que durante todo este transcurso empleé para mí mismo todo tipo de modos de inversión dentro del value investing: deep value, net-nets, suma de partes. Era como un perro persiguiendo un coche, no era capaz de centrarme y los resultados no eran nada boyantes. Pero seguí absorbiendo conocimiento todo lo rápido que podía.

Supongo que esa experiencia me fue sesgando de cara al futuro. Igualmente fue muy temprano cuando entré en contacto con el conglomerado del Dr. John Malone, compré acciones de prácticamente todo Liberty Media [FWONA] y plantó bastantes semillas de cómo hoy día pienso. De hecho, conocí antes a Malone que a Munger, así que se intuye por donde me movía en aquellos años.

Tras acabar la carrera realicé un master en finanzas y a continuación pasé a trabajar como analista en una firma de inversión española: Bestinver Asset Management. Y aunque los analistas que formábamos parte del equipo éramos generalistas, tuve la suerte de llevar compañías que justo estaban algo más alejadas de la frontera de compañías que normalmente se estudiaban allí: IBM [IBM], Accenture [ACN], ADT [ADT], Publicis [EPA: PUB], WPP [LON: WPP], CGI Group [TSE: GIB.A] (también llevé algún valor más tradicional).

En aquel momento posiblemente no fui tan consciente, pero la mezcla de llevar análisis de negocios así, más el estudio que seguía haciendo de los conglomerados Liberty o anexos, más “innovation dilemma” de Clayton Christensen, más todo lo que a mí me gustaba el mundo tecnológico más el intentar entender las dinámicas de algunos de esos negocios de suscripción formaron los orígenes de mi modo de inversión actual.

Tras pasar allí un tiempo en Bestinver y por cambios internos que hubo en el equipo gestor, sencillamente decidí que tenía que hacerlo por mi cuenta. Tenía que crear algo.

De todos modos, escribiendo estas líneas uno aprecia lo fácil que resulta contar la historia a posteriori. Pero nunca hubo un plan maestro que determinase que ahora estuviese aquí. Fue una mezcla de hacer algo que me gustaba y centrarme en ejecutar.

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