Después de cuatro años de la última entrevista con Fernando del Pino, nuevamente tuvimos la oportunidad de entrevistarlo. En esta entrevista, Fernando nos cuenta que debemos invertir mediante nuestros propios criterios, deseos, etc.; además, comparte algunas lecturas interesantes y reflexiones para gestores emergentes.

MOI Global en Español: En la entrevista anterior, comentó que invierte en activos baratos globales. ¿Tiene algún sesgo en específico a ciertos sectores y/o industrias?

Fernando del Pino: Nuestro estilo de inversión es algo ecléctico: no nos ponemos límites en términos de ubicación geográfica (excluyendo mercados exóticos donde no me siento cómodo), capitalización bursátil (mientras exista un mínimo de liquidez), calidad empresarial, industria o moneda. Buscamos situaciones asimétricas de riesgo-rentabilidad en las que el potencial alcista sea mucho mayor que el riesgo a la baja, definiendo riesgo como pérdida permanente de capital (esto es, pérdida de dinero sin esperanza de recuperación), a la vez que tratamos de evitar balances sobrecargados de deuda.

¿De dónde proviene el rendimiento de las inversiones, los beneficios? Schopenhauer, el filósofo alemán, diferenciaba lo que un hombre es (su personalidad, su salud, su fuerza, su carácter moral, su inteligencia y su educación), de lo que un hombre tiene (sus propiedades y posesiones de todo tipo) y de lo que un hombre es a los ojos de sus semejantes (mostrado por la opinión que tienen de él, que se manifiesta por el honor en el que se le tiene, y por su rango y reputación). Por cierto, el filósofo llegó a la conclusión de que la felicidad se encuentra, en gran medida, sólo en lo que un hombre realmente es, y se mostró sorprendido de que «la gente en las posiciones más altas de la vida, con toda su brillantez, pompa, despliegue, magnificencia y espectáculo» pensara que la clave estaba en «lo que yace en la mente de los demás» —llámese su amada imagen o reputación, un campo minado lleno de hipocresía, dependencia y falsedad—, así que cuando alguien dé una importancia exagerada a la reputación, estén alerta.

Pues bien, en el caso de unas acciones, hay dos factores en lugar de tres: lo que realmente son (sus activos, las características del negocio, su posición competitiva y sus perspectivas generales, lo que se llama calidad) y lo que son a los ojos del mercado (su precio de mercado, lo que se llama cantidad, la “máquina de votación del mercado” de Graham, que mide su popularidad actual). La «felicidad» (la alta rentabilidad) proviene de la combinación de ambas con una preponderancia del factor de valoración. Definir y acertar con la calidad es más difícil y está más sujeto a la incertidumbre y, por lo tanto, es un factor menos fiable que depender de la valoración, donde la naturaleza humana —que nunca cambiará—, proyecta hasta el infinito los acontecimientos recientes y llega a extremos de excitación y desesperación.

Por tanto, mi primera observación sería que comprar barato sigue siendo el factor clave de una inversión exitosa. Hay que puntualizar que los negocios e industrias atractivas no siempre implican que sean rentables en Bolsa mientras que, en ocasiones, negocios poco atractivos pueden ofrecer estupendos resultados de inversión. Incluso cuando el crecimiento del negocio es negativo, si las acciones se compran suficientemente baratas pueden convertirse en una inversión rentable. Sorprendentemente esto parece anatema hoy día en determinados círculos. Al mismo tiempo, uno debería hacer todo lo posible para que el enfoque en la calidad no se le vuelva en contra con cambios permanentes en las características y posición competitiva de los negocios y en las tendencias de las industrias que puedan erosionar de forma significativa su rentabilidad histórica. En cualquier caso, uno debe apoyarse en una valoración baja para compensar errores de juicio por el lado cualitativo. Pero insisto, así es como invertimos nosotros. Otros inversores siguen otros caminos y logran resultados excelentes.

Es muy importante invertir en consonancia con nuestra personalidad, nuestras necesidades y nuestras metas en la vida. Se podría decir que invertir es elegir entre sufrimientos puesto que, a la hora de invertir, el sufrimiento está presente por todas partes: el sufrimiento causado por una pérdida temporal o permanente de capital, el sufrimiento de ganar menos que el de al lado, el sufrimiento de arrepentirse por no haber invertido en lo que después resulta ser una inversión sensacional, el sufrimiento de calibrar incorrectamente la posición (esto es, haber invertido demasiado si resulta ser un error, demasiado poco si resulta beneficioso), etc. En otras palabras, invertir tiene mucho que ver con conocerse a uno mismo.

En segundo lugar, quiero enfatizar que nunca se puede hablar de valoración sin mencionar la rentabilidad que se espera obtener si invertimos a dicho valor. Por lo tanto, si alguien dice que un negocio determinado vale X, tendría que especificar qué rentabilidad podemos esperar si compramos acciones a X. La valoración sin la TIR esperada es un concepto cojo. Sin embargo, la mayoría de los inversores se olvidan de dar esta información.

 

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