NOTA DEL EDITOR: El siguiente texto escrito por Jean Philippe Tissot, miembro de MOI Global, es extraído de la carta anual 2018 de Tissot Ayram Family Partnership.

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Voy a empezar con un pequeño secreto. Desde 2013, cuando comencé a aprender y aplicar las reglas de la inversión en valor a mis inversiones, también quise saber por qué tantas personas que se llamaban a sí mismas inversores en valor tenían bajas rentabilidades. Analicé qué mensaje tomaron los value investors con bajas rentabilidades y lo comparé con los value investors con rentabilidades superiores. En el primero, en su mayoría prestan atención a los mensajes que siguen un proceso de inversión: algo que puede repetirse sin fin. Sin embargo, en el segundo grupo, son simplemente pensadores independientes; albergan procesos mentales únicos que se complementan, evolucionan continuamente y nunca buscan fórmulas mágicas.

Desde que tengo memoria, he sido alérgico a las tonterías; he sido independiente desde que era un niño, y respeto la autoridad sólo si admiro a la persona o si la autoridad ha sido ganada por mérito (admiro a mucha gente). Por lo tanto, me dije, sólo necesito ser yo, usar lo que me conviene, y nunca dejar de aprender. Este enfoque me llevó a desarrollar mis bloques de inversión, que yo llamo mis pilares y que sólo funcionan bajo una mentalidad independiente (“Lo básico/fundamental” de los pilares).

 

Pilar No. 1: Comportamiento

El comportamiento es una función de nuestra biología mamífera. Soy muy emocional; no sé si ser colombiano tiene algo que ver con ello, pero las emociones, si no se manejan bien, pueden matarte a la hora de invertir. Me di cuenta que tenía que trabajar duro para asegurarme de que mis emociones no me controlaran durante los momentos difíciles. Observé que la capacidad de pensar de manera independiente llevaría al exitoso grupo de inversores en valor a ser mejores inversores. Aunque sabía que un pensamiento independiente por sí solo no sería suficiente para mí, necesitaba entender lo que significaba tener el “temperamento” correcto, del que Buffett siempre habla; y cómo lograrlo (citar a Buffett no es la respuesta).

Primero estudié intensamente psicología, y luego economía conductual (Kahneman y Tversky). Esas materias me enseñaron sobre todos los defectos que tenemos los humanos, pero poco sobre por qué se desencadenan o cómo superarlos. Saber que tenemos graves defectos y funcionar con un software desarrollado para la sabana africana es bueno, pero aún así no resuelve el problema (yo seguiría siendo un individuo con defectos incluso sabiendo que tenemos defectos). Necesitaba más, y fue entonces cuando empecé a estudiar biología/neurociencia y temas similares, lo que he hecho durante más de tres años con innumerables libros y conversaciones con expertos. Esta ha sido la mejor inversión de tiempo que he realizado en mi vida; en mi última carta expliqué mis principales aprendizajes y por qué este tema es tan importante.

El año pasado, encontré algunos libros de Loretta Breunning sobre nuestras sustancias químicas del cerebro (Dopamina, Oxitocina, Endorfinas, Serotonina, Cortisol), que explican en un lenguaje sencillo, cómo se desencadenan y metabolizan. Cómo nos sentimos es exactamente una función de los niveles de esas sustancias químicas y de algunas hormonas en nuestros cuerpos. Este conocimiento adicional me dio la idea de que podemos engañar a nuestras sustancias químicas cerebrales (hasta cierto punto), lo que en última instancia significa que podemos ser responsables de nuestras propias emociones en lugar de culpar al mundo por cómo nos sentimos.

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